Etienne Chouard en TEDxRepublicaSquare (2012) busca la causa de todas las causas.
con subtitulos en español
http://etienne.chouard.free.fr/Europe/
Etienne Chouard, presentó sus análisis personales sobre el Tratado Constitucional europeo. Durante la campaña que antecedió al referéndum convocado en Francia, su sitio web se hizo verdaderamente popular en Francia. En contraste con los nebulosos discursos oficiales, la claridad de sus argumentos despertó el interés de un amplio sector del público que considera que «lo que bien se concibe, se anuncia claramente». Este blog intenta reunir todo el material disponible en español... y algo mas.
jueves, 19 de julio de 2012
La creación monetaria y la estafa de los impuestos.
Etienne Chouard habla de la creación monetaria y de la estafa que son los impuestos.(2011)
Con subtitulos en español.
http://etienne.chouard.free.fr/Europe/
El tratado de Maastricht fue rechazado vía referéndum por 3 países (Francia, Holanda y Noruega) y incluía el articulo siguiente:
Artículo 104 del tratado de Maastricht.
Queda prohibida la autorización de descubiertos o la concesión de cualquier otro tipo de créditos por el Banco Central Europeo y por los bancos centrales de los Estados miembros (denominados en lo sucesivo "bancos centrales nacionales"), en favor de instituciones u organismos comunitarios, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales, u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, así como la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el BCE o los bancos centrales nacionales.
Deceptionados por la voluntad soberana de los ciudadanos, nuestros representantes "redactaron" un nuevo tratado, pero en realidad solo se cambio el orden de los articulos y se voto por via parlamentaria.
En este "nuevo" tratado, el articulo 104 del tratado de Maastricht se convierte, letra por letra, en el articulo 123 del tratado de Lisboa.
Asistimos aquí a un silencioso golpe de estado institucional cuyas consecuencias pesaran durante años sobre nuestras economías.
Articulo 123 del tratado de Lisboa.
Queda prohibida la autorización de descubiertos o la concesión de cualquier otro tipo de créditos por el Banco Central Europeo y por los bancos centrales de los Estados miembros (denominados en lo sucesivo "bancos centrales nacionales"), en favor de instituciones u organismos comunitarios, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales, u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, así como la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el BCE o los bancos centrales nacionales.
Ver aquí la versión consolidada del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea
Con subtitulos en español.
http://etienne.chouard.free.fr/Europe/
El tratado de Maastricht fue rechazado vía referéndum por 3 países (Francia, Holanda y Noruega) y incluía el articulo siguiente:
Artículo 104 del tratado de Maastricht.
Queda prohibida la autorización de descubiertos o la concesión de cualquier otro tipo de créditos por el Banco Central Europeo y por los bancos centrales de los Estados miembros (denominados en lo sucesivo "bancos centrales nacionales"), en favor de instituciones u organismos comunitarios, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales, u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, así como la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el BCE o los bancos centrales nacionales.
Deceptionados por la voluntad soberana de los ciudadanos, nuestros representantes "redactaron" un nuevo tratado, pero en realidad solo se cambio el orden de los articulos y se voto por via parlamentaria.
En este "nuevo" tratado, el articulo 104 del tratado de Maastricht se convierte, letra por letra, en el articulo 123 del tratado de Lisboa.
Asistimos aquí a un silencioso golpe de estado institucional cuyas consecuencias pesaran durante años sobre nuestras economías.
Articulo 123 del tratado de Lisboa.
Queda prohibida la autorización de descubiertos o la concesión de cualquier otro tipo de créditos por el Banco Central Europeo y por los bancos centrales de los Estados miembros (denominados en lo sucesivo "bancos centrales nacionales"), en favor de instituciones u organismos comunitarios, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales, u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, así como la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el BCE o los bancos centrales nacionales.
Ver aquí la versión consolidada del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea
Etienne Chouard, Myret Zaki y Georges Soros
El Estado y los bancos, los entresijos de un atraco histórico.
Conferencia en Ginebra (diciembre 2011) con Etienne Chouard y Myret Zaki de la revista económica suiza:"Bilan".
http://etienne.chouard.free.fr/Europe/
Conferencia en Ginebra (diciembre 2011) con Etienne Chouard y Myret Zaki de la revista económica suiza:"Bilan".
http://etienne.chouard.free.fr/Europe/
El sorteo como bomba políticamente duradera contra la oligarquía
Durante el año 2005, un francés común y corriente, Etienne Chouard, profesor del instituto de enseñanza media superior Marcel Pagnol –en Marsella– presentó en su blog sus análisis personales sobre el proyecto de Tratado Constitucional europeo. Durante la campaña que antecedió al referéndum convocado en Francia, su sitio web se hizo verdaderamente popular, convirtiéndose en uno de los más consultados de toda Francia. En contraste con los nebulosos discursos oficiales, la claridad de sus argumentos despertó el interés de un amplio sector del público que considera que «lo que bien se concibe, se anuncia claramente».
Etienne Chouard: El sorteo como bomba políticamente duradera contra la oligarquía. (23.04.2011) con subtitulos en español.
http://etienne.chouard.free.fr/Europe/
Etienne Chouard: El sorteo como bomba políticamente duradera contra la oligarquía. (23.04.2011) con subtitulos en español.
Etienne Chouard: los tratados europeos sirven los intereses de quienes los escriben
Silvia Cattori: Al consultar su sitio en Internet
(sitio web en francés) uno se da cuenta de que en 2004 usted era
favorable al Tratado Constitucional europeo, pero que después de haber
estudiado su contenido usted cambió radicalmente de opinión. ¿Pudiera
resumirnos las razones de ese cambio?
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| Etienne Chouard |
En el seno de las instituciones europeas, ya ninguno de las actuantes es responsable de sus propios actos ante los ciudadanos. Existen algunas apariencias de responsabilidad, pero son falsas, engañosas. Pero lo principal es que el Parlamento no cuenta para nada dentro de las instituciones: no cuenta con la iniciativa para elaborar leyes, el Parlamento solamente participa en la elaboración de las leyes bajo la tutela (¿o la vigilancia?) del Consejo de Ministros, que se ha elevado a sí mismo a la categoría de colegislador ignorando así la más elemental e indispensable separación de poderes, ¡en todos los aspectos, además! En efecto, hay aspectos que están sometidos a lo que se ha dado en llamar «procedimientos legislativos especiales», se trata de unos veinte y no aparecen en lista alguna, y sobre los cuales el Consejo de Ministros decide sólo, sin el Parlamento. ¿Usted sabía eso?
Resulta impresionante ver el número de instituciones europeas no electas que disponen de un poder importante y mal controlado. El Banco Central Europeo tampoco le rinde cuentas a nadie. Resulta extravagante la manera como se describe eso. Se ve claramente, se ve por todos lados, que son los ministros los que escribieron esas reglas, haciéndolas a la medida para sí mismos.
Cuando se analiza bien, nos damos cuenta incluso de que esas instituciones han sido concebidas más en interés de los bancos y las multinacionales que en interés general. Uno no puede menos que preguntarse por qué.
Al leer el libro de Jean-Pierre Chevenement, uno descubre que Jean Monet, ese icono, ese símbolo de Europa, al que los «adoradores de Europa» consideran casi como un santo, era un banquero francés que vivía en Estados Unidos y que se impregnó de los valores de ese país. En realidad, él concibió y construyó la Unión Europea para debilitar a Europa, para impedir que las soberanías populares se reconstruyesen después de la guerra. ¡El mismo lo escribe! ¡Es vergonzoso!
Cuando se analizan en detalle los tratados europeos, vemos que se parecen a esa visión de Monet: son instituciones que permiten que las multinacionales escriban las leyes y que prohíben a los parlamentos y a los pueblos oponerse a ellas. Es un régimen intolerable, pero Monet y sus seguidores nos lo impusieron mediante una serie de tratados, desde hace 50 años y sin que el pueblo haya tenido nunca realmente la oportunidad de pronunciarse.
Hubo un simulacro de debate sobre Maastricht. Recuerdo que, en aquel entonces, no se habló en lo absoluto de las instituciones. Se hablo de la moneda, es cierto. Pero ni siquiera se mencionó lo más importante en el plano monetario. No se nos dijo nada, por ejemplo, de la entrega total de la creación monetaria a los bancos privados (artículo 104), a pesar de que eso constituye un verdadero escándalo, principal motivo de la deuda pública que asfixia a nuestros Estados e importante causa del desempleo endémico que asfixia nuestras economías.
En 1992, solamente se nos invitó a debatir sobre la independencia del Banco Central y la nueva moneda única, que sin dudas son positivas. Pero no se habló en lo más mínimo de la debilidad del Parlamento, ni del desorden en cuanto a los poderes, ni de la independencia de los jueces, ni de la impotencia de la ciudadanía, ni de la revisión sin referéndum, ni de todas esas instituciones vergonzosas y peligrosas. No se puede decir con honestidad que el voto sobre Maastricht signifique una aprobación de esas instituciones. Si analizamos en su conjunto los 50 años de la construcción europea, los pueblos no han tenido finalmente derecho al menor debate sobre lo esencial.
La única vez que nos preguntaron nuestra opinión, en 2005, la primera vez que nos quitaron la mordaza, gritamos «¡No!» Enseguida, nos pusieron otra vez la mordaza y empezó de nuevo la violación. Nos dijeron: «Ustedes no quieren, pero se hará de todas formas, por vía parlamentaria…»
En 2007 se confirmó, por tanto, lo que ya se había visto en 2005: el método y el contenido del Tratado de Lisboa confirman que tenemos al mando a una pandilla de violadores y lo que está sucediendo es un golpe de Estado. Se trata de un abuso de fuerza. La definición de golpe de Estado es cuando un poder ejecutivo no respeta el sufragio universal. Eso es lo que está pasando.
Silvia Cattori: Todo eso ha sido posible porque la ciudadanía ha abandonado sus responsabilidades y se ha puesto ingenuamente en manos de sus representantes sin imaginarse que estos podían abusar de sus poderes y sin controlar la acción de estos [representantes].
Etienne Chouard: Sí. La mentira está en todas partes y la gente honesta no se atreve a creerlo. Se hable de un minitratado simplificado que no es ni «mini» ni «simplificado». Ahora hay que leerse 30 000 páginas para saber lo que dice el Tratado de Lisboa. Es extremadamente complicado. Contiene todo tipo de referencias que remiten a otros documentos y todo lo que estaba en el tratado de 2005 aparece de nuevo en este. Hasta lo que decían que iban a quitar. El himno, lo van a mantener. La bandera se va a mantener. La referencia al euro se va a mantener. Dijeron que quitarían la bandera pero, ¿usted cree que la van quitar? Quitaron la etiqueta de «constitución». Pero, ¿qué es lo peligroso en una botella de veneno? ¿La etiqueta o el veneno? Si quitamos la etiqueta, ¿hace eso que el veneno sea menos peligroso?
Se creen que somos imbéciles.
Se trata de una constitución, eso está claro, pero de una mala constitución escrita por gente que no debía haberla escrito. Tenemos responsables electos, pero no son ellos quienes deben escribir la constitución. Yo defiendo ese principio: los que están en el poder no son quienes deben escribir las reglas del poder; no son los parlamentarios, los ministros, los jueces quienes deben escribir la constitución; deben ser otros, personas desinteresadas.
El único medio para que nosotros, como simples ciudadanos, podamos protegernos de los abusos de poder es mediante una Asamblea Constituyente. Pero ¡cuidado!, los miembros de esa Asamblea Constituyente no deben elegirse entre los candidatos de los partidos ya que los partidos tienen muchos miembros que están en el poder y cuyos amigos escribirían nuevamente reglas en beneficio propio y seguiríamos teniendo el mismo problema.
Lo que dijo el propio Giscard sobre este Tratado de Lisboa debería llevar a los 16 millones de electores que votaron por él «No» a lanzarse a las calles ya que es el mismo tratado presentado anteriormente, totalmente ilegible, y se ha hecho tan complicado, según dice Giscard, para que sea imposible hacer un referéndum. Giscard dice también que todo lo que absolutamente querían los Convencionales en 2004 aparece de nuevo en el Tratado de Lisboa, sólo que está en otro orden. Mi conclusión es la siguiente: todo esto está ocurriendo porque los que escriben las reglas las están escribiendo para sí mismos y porque están haciendo trampa.
Silvia Cattori: ¿Ningún responsable tiene que rendir cuentas?
Etienne Chouard: Ninguno. La ciudadanía no tiene medio alguno de oponerse a los abusos de poder en el marco de esas instituciones. El único medio correcto sería el referéndum por iniciativa popular y no disponemos de ese medio. Yo diría incluso que jamás lo tendremos, si son los representantes electos quienes escriben las reglas. El derecho de petición (del artículo 11 del Tratado de Lisboa consolidado) no tiene ningún valor de obligatoriedad. No se necesita un artículo así para plantear peticiones. Aunque lo retiraran, la gente seguiría teniendo la posibilidad de presentar peticiones.
Silvia Cattori: ¿El Tratado de Lisboa no contiene al menos un elemento positivo? Por ejemplo, ¿la posibilidad para un Estado de salir de la Unión Europea?
Etienne Chouard: Sí, eso estaba ya en el Tratado de Constitución Europea rechazado en 2005 y ahora aparece de nuevo, como todo lo demás.
Silvia Cattori: En ese caso, ¿cómo puede salir de la Unión Europea un Estado que quiera hacerlo? ¿Es aplicable ese procedimiento?
Etienne Chouard: Salir de la Unión Europea no sería fácil y costaría muy caro. Hay muchos mecanismos que mover. Se necesitaría un gobierno muy decidido. Esa situación irreversible me recuerda el AGCS (Acuerdo General sobre el Comercio de Servicio), del que tampoco se puede salir. Ese Acuerdo (que se negoció y se firmó sin que nos hablaran de él, en el mayor secreto) contiene el mismo genoma antidemocrático que la Unión Europea.
Fue concebido por las mismas personas y está al servicio de los mismos intereses: los intereses de las multinacionales y los bancos. ¿Para que sirve el AGCS? Para eliminar todas las obligaciones en lo tocante al comercio de los servicios. Hoy por hoy, un Estado soberano todavía puede prohibir muchos abusos para protegerse de los inversionistas depredadores. Cuando una empresa quiere venir a instalarse en algún lugar, el país tiene sus propias reglas para defender sus propias leyes en el plano social, en lo tocante al medio ambiente, sus leyes fiscales, sus recursos naturales, etc.
Eso va a desaparecer. Los Estados, en el marco de las negociaciones secretas del AGCS, están quitándose entre sí la posibilidad de prohibir (cosas a las empresas): yo dejo de prohibir esto, pero tú renuncias a prohibir esto otro… La ciudadanía se verá desnuda, indefensa ¡y nadie habla de eso! Todos los servicios públicos se ven amenazados por esos mecanismos. Y eso es irreversible: las multas que los Estados aceptan pagar en caso de retirada son tan prohibitivas que resultan impagables. Los acuerdos del AGCS se negocian, por tanto, en secreto y por una sola persona: el comisario europeo para el comercio exterior… Una sola persona, en nombre de 480 millones de personas, negocia en secreto acuerdos decisivos que afectan a todo el mundo de forma irreversible. Es realmente escandaloso y muy grave.
Silvia Cattori: Al ver a los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea firmar el Tratado de Lisboa, ¿qué sintió usted?
Etienne Chouard: La impresión de estar siendo violentado, claro está, y por los mismos que dicen estar defendiéndome… la impresión de estar metido en una trampa controlada por mentirosos profesionales y por una pandilla de ladrones. Lo que me entristece es que la gente no esté en lo absoluto informada y no se sienta implicada.
Silvia Cattori: Hay un aspecto muy importante que no está tampoco muy presente en el debate: la política exterior de la Unión Europea, la participación de sus principales miembros en operaciones militares mediante la OTAN. En ese aspecto también, aunque los sondeos demuestran que la gran mayoría de la ciudadanía se opone a esas guerras ilegales, [la ciudadanía] se ve totalmente impotente en cuanto a la posibilidad de impedirlas. En momentos en que las invasiones de Afganistán y de Irak han demostrado ser aventuras coloniales, el señor Sarkozy trata de estrechar los vínculos entre la Unión Europea y Estados Unidos con vistas a un conflicto con Irán en beneficio de Israel. ¿Qué piensa usted de este aspecto de la Unión Europea?
Etienne Chouard: Tengo la impresión que todo eso se programó desde el principio. Se hizo de forma progresiva. El «No» los frenó un poco. Pero, dos años más tarde, las autoridades imponen el Tratado por la fuerza. Y la ciudadanía no reacciona, lo cual sin dudas confirma en los gobernantes la creencia de que pueden hacer cualquier cosa.
El ambiente es pesimista. Sí, ellos pueden secuestrar niños africanos en las escuelas, o pueden ir a imponer la guerra al otro lado del mundo. Hay que leer a Alain Badiou (De quoi Sarkozy est-il le nom). Las críticas de los medios fueron tan violentas contra ese libro que yo mismo estuve a punto de no leerlo. Y lo encontré interesantísimo. Su análisis es muy bueno.
Dice que la moda no es el «petainismo» [Término derivado del nombre del mariscal francés Petain, jefe del Estado francés que colaboró con los nazis durante la ocupación de Francia por las tropas de Hitler. Nota del Traductor.], sino el «neopetainismo». Hay que leer también a François-Xavier Verschave (De la Françafrique à la Mafiafrique, para empezar) para entender que la descolonización no existió.
Silvia Cattori: La reflexión que usted hace coincide con la del sociólogo Jean-Claude Paye en lo tocante a las libertades fundamentales en el marco de la Unión Europea [2]. Al igual que usted, él señala que las instituciones se conformaron de forma tal que las decisiones no estén al alcance de los ciudadanos.
Etienne Chouard: Efectivamente, no soy yo el único que lo dice. Y, en realidad, todos los que estudian de forma honesta las instituciones están escandalizados y deploran haber confiado demasiado en los responsables electos.
Silvia Cattori: ¿Estas cumbres –Lisboa, el G8– no son entonces otra cosa que farsas en las que un grupo de dirigentes, entre festines y abrazos, toman decisiones sin consultar a sus pueblos, como si estuviésemos en un sistema dictatorial?
Etienne Chouard: No es una dictadura –aún no– ya que, en una dictadura, no hay libertad de opinión ni de expresión. Es algo más suave, refinado, bonito a la vista, y se está convirtiendo en algo totalitario. Pero hay menos espacio para la crítica, es más difícil de condenar. La retórica de la mentira, que invierte los valores –Orwell la anunciaba ya en 1984– consistía en decir «la guerra es la paz», «el trabajo es la libertad» y el solo hecho de repetirlo deja sin armas a los que pudieran presentar oposición. La manipulación mediante el uso del lenguaje funciona bien. Eso exige, por parte de los quieren resistir, una formación, un aprendizaje sobre ese tipo de manipulación.
Silvia Cattori: ¿De qué herramientas disponen los partidarios del No para vencer estos obstáculos?
Etienne Chouard: Hay una que puede resultar bastante fuerte: un recurso individual ante la Corte Europea de Derechos Humanos (CEDH), que no forma parte de la Unión Europea pero cuya Convención ha sido firmada por esta última, lo cual la obliga a respetarla.
Cualquier persona puede recurrir a la Corte contra un Estado. Se trata de una Corte que protege individualmente a las personas aisladas. Sus argumentación es fuerte (vea el sitio web 29mai.eu), yo la utilizo ya en toda circunstancia. El recurso consiste en denunciar al Estado francés por violación del artículo 3 del protocolo 1 de la Convención que dice que las «altas partes contractuales se comprometen a garantizar a sus ciudadanos elecciones libres que permitan escoger libremente el cuerpo legislativo».
En realidad, nuestro cuerpo legislativo es ahora muy ampliamente europeo. Y a nivel europeo, ¿se elige el cuerpo legislativo? En lo esencial, no. No tenemos posibilidad de elegir. En Francia, el cuerpo legislativo no es la Asamblea Nacional: el 80% de las leyes que se aplican en Francia son normas europeas que se transfieren automáticamente a nuestro derecho nacional, sin que haya un verdadero debate parlamentario.
¿Qué sucede entonces en Europa?
Primeramente, al nivel constituyente es una CIG (Conferencia Intergubernamental, no electa) la que escribe y corrige los tratados, o sea la Constitución Europea (que ahora esconde su nombre hipócritamente). Los parlamentarios (que son los únicos electos) no pueden hacer otra cosa que ratificar o no, en bloque, los tratados que escriben los no electos. No tienen derecho de iniciativa, a aportar enmiendas, así que se ven reducidos a lo mínimo ¡a pesar de que son ellos los representantes electos!
Por consiguiente, a nivel constituyente no son los representes electos los que tienen el poder.
Seguidamente, las leyes europeas ordinarias las escribe la Comisión (no electa) que tiene la exclusividad y la iniciativa legislativa, y esas leyes se discuten después y se votan en el Consejo de Ministros (no electo) en «codecisión» con el Parlamento Europeo (única instancia cuyos miembros se someten a elecciones).
Sin embargo –escuche bien esto, que es esencial–, no hay codecisión en todos los temas. Existe una cantidad de temas sobre los cuales las instancias no electas (la Comisión y el Consejo) deciden solas sobre la ley europea.
Esos sectores en los que los ejecutivos escriben lo que yo llamo leyes sin parlamente (lo cual resulta más claro que la ladina expresión de «procedimientos legislativos especiales») se esconden cuidadosamente, no existe una lista [de ellos]. Así que pidan ustedes a sus parlamentarios, a sus ministros, a los periodistas, que les digan algunos de esos sectores. Ni ellos mismos los conocen (a no ser que sean verdaderos bandidos que no hablen claramente con los demás).
Esa esterilización progresiva del sufragio universal constituye una razón sólida para denunciar al Estado francés por violación de la Convención Europea de Derechos Humanos. Nuestros propios representantes están quitándole toda su fuerza a nuestros votos. La democracia está agonizando en medio de un falso decorado de democracia ficticia.
Basta con una sola denuncia, pero si se envían miles de ellas se crea una fuerza política como apoyo a una denuncia jurídica. Y es gratis. Si perdemos, el trámite nos habrá costado nada más que el sello del envío.
Además, la Corte Europea de Derechos Humanos (CEDH) está interesada en demostrar su propia utilidad, y se trata de un caso digno de estudio (inédito) que podría sentar un precedente. En todo caso, es el único recurso que tenemos nosotros, los simples ciudadanos. Todos los demás dependen de nuestros representantes, parlamentarios y ministros, que han demostrado que están decididos a pasar por encima de nuestra voluntad.
Si esperamos que ellos nos defiendan, esperaremos por mucho tiempo y perderemos de antemano.
Esta denuncia representa una esperanza ya que la Corte puede bloquear el proceso de ratificación mientras se toma la decisión de fondo. Me parece que es un arma poderosa, nueva.
Silvia Cattori: ¿Qué diría usted a la ciudadanía de Suiza y a la de Noruega, que se han negado hasta ahora a incorporarse a la Unión Europea, países cuyos detractores los califican generalmente «retrasados que niegan el progreso»?
Etienne Chouard: Yo espero, por su bien, que sigan resistiendo. Los envidio porque tengo la impresión que nosotros estamos encerrados en una horrible trampa en la que nos han sumido nuestros propios dirigentes. Nos están obligando a abrir nuestras fronteras a países que no respetan el derecho laboral, ni las leyes sobre el medio ambiente, ni ninguna de las obligaciones que nosotros imponemos a nuestras propias empresas en el marco del progreso social. Si nos vemos ante la competencia desleal de países que tienen tan pocos puntos de comparación con los nuestros, lo único que puede suceder es que sigamos la caída hacia la ruina general.
No es cosa de risa. Otros países han vivido ya ese infierno debido a la aplicación de recetas inadecuadas. Ahí tenemos el espantoso caso de Argentina, conejillo de Indias del neoliberalismo...
Silvia Cattori: Si se le preguntara a la ciudadanía si quiere salir de la Unión, ¿cuál sería la decisión, en su opinión?
Etienne Chouard: El golpe de Estado de Lisboa me lleva a preguntarme si no tendríamos que salir urgentemente de esta UE-MB (Unión Europea de Multinacionales y Bancos). Estoy comenzando, efectivamente, a pensar que es imposible transformar la Unión Europea, cuyo programa genético parece concebido en contra de los pueblos y en contra de la democracia.
Quizás lo que hace falta es salir de esta Unión Europea para construir una verdadera sociedad europea, deseada y defendida por los pueblos interesados (no por sus élites privilegiadas).
Silvia Cattori: Si las posibilidades de salir del Tratado son nulas, ¿por qué no hacer campaña simplemente para salir de la Unión Europea?
Etienne Chouard: Yo no he renunciado aún a mi sueño europeo de fraternidad. Quisiera comenzar de nuevo con menos países, en vez de este monstruo concebido por las grandes corporaciones y para ellas. Ahora estamos casando a los pueblos con el consentimiento de sus «padres». Un matrimonio exitoso y duradero se lleva a cabo necesariamente con el consentimiento de los pueblos interesados.
Silvia Cattori: ¿No tienen los socialdemócratas la principal responsabilidad en esta forma de construcción europea? ¿No construyó Jacques Delors la Europa del mercado?
Etienne Chouard: Es evidente que Jacques Delors y la mayoría de los líderes socialistas nos han engañado. Ellos nos mintieron miles de veces, y esa evidente traición de los jefes de la izquierda constituye una catástrofe para el país.
Yo confiaba en ellos, y muy particularmente en Jacques Delors. Recuerdo el último día antes del referéndum de Maastricht. Jacques Delors nos habló por televisión. Confesó que en el plano social todavía no se había hasta entonces nada en Europa. Pero tomaba nota de ello junto con nosotros. Solemnemente, mirándonos con sus ojos azules tristes y sinceros, nos prometió ardientemente empezar a actuar en el plano social desde el día siguiente de nuestro voto por el Sí. Nos lo prometió para que votáramos SÍ.
Quince años más tarde, estamos más atrasados que nunca en el plano social en todos los aspectos… Yo tengo la sensación de haber sido engañado por uno de los hombres en quien más yo confiaba. Es triste e indignante a la vez. La decepción es terrible.
Silvia Cattori: Usted mencionó el abandono de la creación monetaria. ¿Puede especificar de qué se trata?
Etienne Chouard: Existe un mecanismo esencial que descubrí este año. Incluso empiezo a ver en él el núcleo de la trampa, el diamante central, el motor de nuestra impotencia… Se trata del artículo 104 de Maastricht (que se convirtió en el artículo 123 del Tratado de Lisboa).
Dice lo siguiente: «Los Estados ya no pueden obtener préstamos de sus bancos centrales». Para los simples mortales eso resulta incomprensible. ¿Qué quiere decir eso? Desde hace siglos los Estados han dejado parte de su poder para crear moneda en manos de los bancos privados. Los bancos han obtenido de los gobernantes –mediante la corrupción, por supuesto– el derecho (fundamental) de crear la moneda.
Pero, hasta hace poco (hasta 1974, en el caso de Francia), los Estados por lo menos compartían aún con los bancos privados el derecho de crear la moneda. Cuando un Estado necesitaba dinero para construir vías férreas, viviendas u hospitales, el Estado creaba por sí mismo su moneda, y no tenía que pagar intereses durante los reembolsos. Mantenga la atención y no olvide eso que es el aspecto crucial, el que le condena a usted a trabajar sin descanso en provecho de los que cobran rentas sin hacer nada.
El Estado creaba la moneda de la manera siguiente: El Estado obtenía un préstamo de su banco central (que fabricaba moneda con ese objetivo) y, a medida que el Estado reembolsaba ese préstamo, el Banco Central destruía ese dinero, ¡pero sin que el Estado tuviera que pagar intereses!
En Francia, desde 1974, en la época de la llamada “serpiente monetaria europea”, el Estado –seguramente al igual que en los demás países europeos– se prohibió a sí mismo el recurrir a los préstamos de su propio banco central y se privó por tanto a sí mismo de la creación monetaria. Por consiguiente, el Estado (o sea, ¡nosotros todos!) se obliga a sí mismo a pedir prestado a instituciones privadas, a las que tendrá que pagarles intereses, lo cual hace que todo se encarezca. ¿En interés de quién? ¿En interés de todos? ¿No me diga?
Observe que, precisamente a partir de 1974, la deuda pública ha ido en aumento constante, al igual que el desempleo.
Yo afirmo que hay un vínculo entre ambas cosas.
Pero eso no es todo. Desde 1992, con el artículo 104 del Tratado de Maastricht, esa prohibición de que los Estados puedan crear moneda se elevó al más alto nivel del derecho, internacional y constitucional. O sea que se hizo irreversible, y se puso fuera del alcance de la ciudadanía. Eso no se dijo claramente. Se dijo que en lo adelante estaba prohibido recurrir a préstamos del Banco Central, lo cual ni es honesto ni está claro y no permite que la gente entienda.
Si el artículo 104 dijera que «Los Estados ya no pueden crear moneda. Ahora tienen que pedir préstamos a las instituciones privadas pagando a estas intereses que los llevan a la ruina y que encarecen tremendamente las inversiones públicas, pero que han felices a los ricos que viven de sus rentas, a los propietarios de los fondos de préstamos», habríamos tenido una revolución.
Ese escandaloso robo le cuesta a Francia alrededor de 80 000 millones al año (*) y nos va arruinando año tras año. Pero ya no se puede hacer nada.
Ese tema debiera ser centro de todas nuestras luchas sociales, debiera servir de punta de lanza de la izquierda y de la derecha republicanas. En vez de eso, nadie lo menciona. Es deplorable.
Silvia Cattori: Para la ciudadanía resulta difícil imaginar que sus dirigentes electos estén todos tan implicados. Finalmente, son algunos ciudadanos aislados, como usted, que se esfuerzan de forma desinteresada, los que retoman el debate que los dirigentes electos han abandonado.
Etienne Chouard: Hay gente que lucha. Maurice Allais, premio Nóbel de Economía, critica duramente el abandono de la creación monetaria en manos de los bancos privados, protesta enérgicamente y afirma que es vergonzoso que los bancos privados se comporten (porque han sido autorizados a hacerlo) como fabricantes de moneda falsa y que eso nos está arruinando. Maurice Allais, una mente libre, dice también que las multinacionales que nos imponen ese gran mercado sin regulaciones son perjudiciales. El ultraliberal Maurice Allais denuncia «el relajo del mundo de los negociantes» de la Unión Europea.
¿Se puede ser más claro?
Bueno, pues ese hombre, que ha dedicado gran parte de su vida al estudio de las cuestiones monetarias y que ha recibido probablemente todos los honores y medallas del mundo, ese gran especialista de la moneda ha sido excluido de los grandes medios de difusión. Ya no logra que le publiquen nada en diarios como Le Monde y Le Figaro. ¿Existe alguien que no vea la relación evidente que hay entre la persecución contra un valiente ciudadano que pone el dedo en la llaga y el hecho de que los grandes medios de prensa hayan sido comprados y estén ahora precisamente bajo el control de las multinacionales y los bancos?
Maurice Allais desarrolla una idea fundamental, que todo debiéramos estudiar, cuando dice que hay que devolverle la creación de la moneda a los Estados, a un banco central independiente, que el Banco Central Europeo (BCE) tiene que recuperar la creación monetaria retomándola de manos de los bancos privados.
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miércoles, 18 de julio de 2012
Propuesta de innovación institucional: creación de cámaras sorteadas.
La “democracia representativa” puede parecer hoy un pleonasmo.
Pero fue, al comienzo, un oxímoron.
Jacques Rancière, El odio a la democracia (2006)
La dernière révolution politique, la révolution contre la cléricature politique, et contre l’usurpation qui est inscrite à l’état potentiel dans la délégation, reste à faire. Pierre Bourdieu, Propos sur le champ politique (2000)
Quisiera invitar al lector o lectora a realizar un pequeño esfuerzo de imaginación.
Imaginemos que el Presidente del Gobierno se somete a una breve sesión de preguntas por parte de un grupo de ciudadanos seleccionados conforme a criterios estadísticos destinados a asegurar una muestra representativa de la población española. Imaginemos también que esta sesión es transmitida en directo por una cadena mayoritaria de televisión en un horario de máxima audiencia al conjunto de la población, que puede así contemplar en directo cómo el jefe del ejecutivo responde a las preguntas – no conocidas de antemano – de sus conciudadanos.
Lo dicho hasta el momento, como seguramente habrá deducido el lector, aun cuando no suela ver la televisión, no es un supuesto imaginario, sino un programa de televisión existente(1).
Ahora avancemos algunos pasitos más allá del programa de televisión. Pensemos que este ejercicio de control se repite periódicamente, que se extiende a cargos políticos de todos los niveles, que las cuestiones son realmente desconocidas para el interrogado, que tiene una duración de una o varias jornadas, que no existe un presentador que conduce el programa, que no hay cualesquiera instrucciones o indicaciones al público asistente que limiten el espectro de sus intervenciones. Probablemente, con esto el espacio televisivo cambiaría en buen grado.
No obstante, no nos paremos ahí y vayamos más allá. Supongamos que el programa no es únicamente un formato televisivo de emisión irregular sino que planteamos una verdadera innovación institucional de la democracia (2).
Propuesta de innovación institucional: creación de cámaras sorteadas.
Supongamos que esta nueva institución, que podemos denominar cámara sorteada, presentase las siguientes características:
En primer lugar, sus componentes serían seleccionados por sorteo, procurando al máximo que el resultado fuese representativo de la población española. El número de ciudadanos seleccionados se situaría entre 600 y 2000 (3) y ejercerían sus funciones durante un tiempo total efectivo de varias semanas a lo largo de un año, no pudiendo volver a desempeñar esta función en el futuro. Su participación sería obligatoria (4), remunerada adecuadamente y les serían conferidas garantías legales de que su participación no supusiese un detrimento para su vida laboral (5). Serían sometidos a un régimen de incompatibilidades, abstención y recusación y dotados de garantías jurídicas frente a presiones indebidas por parte de terceros. (6)
En cuanto a las funciones de esta nueva institución, éstas no solo comprenderían la presentación de preguntas orales in situ, sino también preguntas por escrito y otras funciones como mociones, interpelaciones e incluso iniciativas normativas. Asimismo, la cámara sorteada tendría una participación preceptiva en la elaboración de propuestas normativas planteadas por el Gobierno, el Congreso o el Senado (incluida la ley anual de presupuestos generales del estado). También le sería conferido un papel en la elección, designación y control (censura) de los miembros de órganos ejecutivos (ministros, secretarios de estado, responsables de organismos públicos) y de los componentes de otros poderes y organismos políticos del estado (tribunal constitucional, consejo general del poder judicial, tribunal de cuentas, defensor del pueblo, directivos de medios de comunicación públicos, etc.).
Finalmente, supongamos que el ejercicio de estas atribuciones se desarrollaría de acuerdo con procedimientos deliberativos. Para ello, este cuerpo contaría con un equipo de expertos que facilitaría a los ciudadanos seleccionados la información y el asesoramiento que necesitasen. Además, esta cámara podría requerir de los diversos departamentos gubernamentales la información que estimase pertinente para el ejercicio de sus funciones. A ello se añadiría la posibilidad de que pudiese requerir la comparecencia de ciudadanos y representantes de organizaciones y entidades públicas o privadas para que expusieran sus puntos de vista sobre las cuestiones que fuesen de interés de la cámara.
Ahora imaginemos aún más. Figurémonos que esta innovación institucional no solo se establece como una nueva cámara para-parlamentaria junto a las existentes a nivel estatal, sino que se crean otras para cada distrito, cada municipio, cada comarca, provincia y comunidad autónoma. Dentro de las administraciones más complejas (grandes municipios, administraciones autonómicas y estatal) se podrían crear órganos análogos en cada departamento (concejalías, consejerías, ministerios) que participarían de modo preceptivo en los procesos de decisión correspondientes.
El lector que me haya seguido hasta este punto quizás piense que esta propuesta de innovación institucional carece de novedad o de interés o que no es realizable o cabe que piense incluso que resulta contraria a los principios propios de un régimen democrático.
El sorteo como mecanismo democrático en el debate y la práctica actuales.
Puede afirmarse que la inmensa mayoría de las aportaciones teóricas contemporáneas en relación con la democracia ignora la posibilidad de emplear el sorteo (7) y de crear órganos como el descrito (8). Un repaso de la bibliografía (9) más conocida y de los programas universitarios docentes especializados en teorías de la democracia nos indica que en ese terreno la ciencia política actual se sigue centrando en el conocido debate entre la democracia representativa, y sus posibles mejoras (listas abiertas y no bloqueadas, mandato imperativo, etc.), y la democracia directa (iniciativa legislativa popular, referenda, recall, etc.) y participativa (cogestión, asambleas populares, presupuestos participativos). Asimismo, ocupan un papel destacado las discusiones relativas a la democracia discursiva o deliberativa (10), que destaca la relevancia del proceso de toma de decisiones y el efecto de discusiones racionales (o no) entre los intervinientes en el mismo, yendo desde aproximaciones de sesgo altamente normativo (11) hasta descripciones y experiencias empíricas (12).
Tampoco puede decirse que las aportaciones teóricas recientes desde la izquierda hayan abordado el sorteo como posible elemento transformador de la democracia política o institucional (13). Dichas contribuciones no parece que en general vayan más allá de críticas de lo existente (14) y de variantes de los debates anteriormente citados sobre las diversas formas de democracia (15). En esta línea, se ha propuesto desde estas posiciones, para el corto plazo, dar un impulso a elementos de democracia directa, de democracia participativa y democracia deliberativa, planteados como complementos o correctivos a la democracia representativa. En las versiones más radicales o más a largo plazo se han propugnado visiones borrosas de realizaciones de la llamada democracia real en una sociedad socialista (como la asociación libre de productores) y de las fases de transición (la dictadura del proletariado) hacia la misma, caracterizadas unas veces por estar dominadas por la dirección del “partido” (Lenin), por suponer una dictadura de clase y excluir a elementos burgueses (Rosa Luxemburgo en La Revolución Rusa) o por sustituir la democracia representativa por estructuras consejistas (16) (Marx en La Guerra Civil en Francia).
No es este el lugar para entrar a debatir posibles escenarios que presupongan un cambio radical con la situación actual ni de valorar los pros y los contras de propuestas de profundización democrática consistentes en otros elementos de democracia directa, participativa o deliberativa. Al contrario, quisiera situar mi planteamiento en el momento presente de las sociedades occidentales europeas y centrarme en las posibles bondades y en los problemas que podrían derivarse de la constitución de “cámaras sorteadas”. En este sentido, creo que dichas cámaras pueden suponer un complemento y correctivo de especial interés respecto del funcionamiento del aparato político-administrativo actual, y, en particular, del papel excesivamente dominante de los partidos políticos (17). Por tanto, ésta no debe considerarse como una propuesta excluyente de otras medidas de democratización a corto, medio o largo plazo.
Únicamente me atrevería a comentar que incluso allí donde se han implementado en mayor medida elementos de democracia directa y participativa como correctores de la democracia representativa (véanse, como ejemplos, los casos de Suiza o de EEUU a nivel estatal), si bien pueden considerarse que constituyen avances en minorar el dominio de los partidos políticos, no han supuesto a mi modo de ver un cambio cualitativo que modifique sustancialmente su hegemonía, compartida con otros intereses organizados (18). En cuanto a las propuestas de democracia deliberativa creo que, con carácter general, presentan serias debilidades prácticas. Así, parte de ellas contienen una sustancial componente normativa que parece exigir una previa igualación de posibilidades de intervención para el conjunto de los ciudadanos y sus organizaciones (véase, por ejemplo, Habermas (19)) que es inconciliable con el momento actual de las sociedades occidentales, caracterizado por grandes asimetrías en la distribución del poder, por lo que su operatividad requeriría realizar primero un cambio revolucionario. Por otro lado, estos enfoques parten a veces de un tipo de ciudadano (racional, activo, altamente informado y con elevadas posibilidades y deseos de dedicar tiempo al debate y deliberación sobre asuntos públicos) excesivamente alejado de la realidad actual del ciudadano medio. No obstante, el trabajo teórico y las experiencias prácticas desarrollados desde el enfoque deliberativo pueden ser muy útiles a la hora de diseñar procedimientos de debate y de adopción de decisiones óptimos que podrían aplicarse al funcionamiento de las cámaras sorteadas.
Los contados autores contemporáneos “consagrados” (20) que sí barajan el empleo del sorteo como mejora democrática no suelen pasar de recordar el ejemplo ateniense, de invocar el sorteo como mecanismo alternativo o de esbozar en ocasiones su posible configuración (Ranciére (21), Barber (22), Dahl (23) o, en el ámbito español, Capella (24)).
También existen aproximaciones literarias al uso del sorteo en el funcionamiento de sociedades imaginarias (Borges, Chesterton y otros (25)), así como un creciente número de propuestas minoritarias de sesgo generalmente utopista (26), entre otras, las de John Burnheim (disponible libremente en http://setis.library.usyd.edu.au/democracy/), de Barbara Goodwin (27), de Yves Sintomer (28) o la del llamado Mouvement Clérocratique de France (MCF) (http://www.clerocratie.com/index.php?page=20&lg=3), inspirado en las obras de François Amanrich y Roger de Sizif (29). Estas portaciones presentan como rasgo en común la propuesta de diferentes modelos de sustitución total o parcial del aparato político-administrativo actual por magistrados seleccionados mediante sorteo.
Por su parte, las experiencias o propuestas prácticas de participación política contemporáneas basadas en el sorteo también son limitadas, siendo destacable y probablemente revelador su falta de predicamento entre los partidos políticos establecidos (30). De hecho, más allá del ejercicio de funciones administrativas (mesas electorales) o de participación en determinados procesos judiciales (tribunal del jurado) y del programa televisivo mencionado al inicio, las aplicaciones reales se han centrado en la creación de grupos ciudadanos para el estudio de asuntos concretos (31). Creo que pese al carácter limitado de estas experiencias las mismas permiten que seamos optimistas en cuanto a la factibilidad de este tipo de mecanismos y a la posibilidad de extender su aplicación a niveles de mayor impacto político.
Una interesante aportación en el ámbito español, tanto por su argumentación teórica como por su contenido práctico, y que ha sugerido mucho de lo que se dice en este artículo, es la constituida por la planteada en el texto La democracia realmente existente, cuya autoría se atribuye al colectivo editorial de la revista Cuadernos del Sureste. Dicho artículo plantea rescatar elementos de la democracia ateniense y combinarlos con el sistema actual para dar nacimiento a una nueva forma de democracia mixta (32), presentando una propuesta de modelo de gobierno para el Cabildo de Lanzarote que contendría un número igual de representantes seleccionados mediante elecciones y por sorteo.
Apuntes sobre posibles causas de la parquedad de propuestas de este tipo.
¿A qué puede deberse esta parquedad de propuestas teóricas y experiencias prácticas (si dejamos de lado la opción siempre existente de que esta propuesta sea, después de todo, absurda)?
Probablemente, pueda explicarse en buena medida por la hegemonía teórica y política de la práctica identificación, desde la época de las revoluciones inglesa, francesa y estadounidense (33), entre la idea de democracia y el sistema de elección. De hecho, como destaca Bernard Manin, los sistemas representativos actuales creados desde la revolución inglesa de 1688 no nacen ni se denominan inicialmente como “democracias”, sino que surgen como sistemas mixtos de gobierno que tratan de evitar los supuestos desmanes y debilidades de las democracias de la antigüedad. En estos regímenes representativos iniciales el consentimiento de los gobernados (es decir, originalmente de los hombres que cumplían con determinados requisitos de propiedad y de raza) constituye el elemento central, primando sobre la primigenia concepción de democracia como autogobierno (34). El olvido del sorteo estaría, por tanto, vinculado a una línea de pensamiento, mantenida desde Platón por los críticos del pueblo, de que es mejor delegar los asuntos públicos en élites que se vayan sucediendo en el gobierno y desconfiar de nuestros conciudadanos para esa función.
Posteriormente, como sabemos, el sufragio se extiende a la práctica totalidad de la población mayor de edad como consecuencia principalmente de las luchas obreras y feministas. Este proceso está ligado históricamente al fenómeno del creciente predominio de los partidos políticos (35) en la función de organizar y dar expresión a los diferentes intereses (entre otros, de clase, posición social y cultural) en que necesariamente están divididas las poblaciones de las sociedades complejas. En este transcurso histórico, los partidos políticos pasan a estatalizarse progresivamente (mientras se alejan de la sociedad (36)) y a monopolizar crecientemente el ámbito político y con ello la función de seleccionar el personal de las cúpulas políticoadministrativas(teniendo en consideración los intereses de las demás estructuras de poder relevantes: poderes supraestatales públicos y privados, poder económico, medios de comunicación de masas, aparato militar, agentes sociales, etc.)(37). Este papel dominante de los partidos políticos ha llevado a que la ciencia política contemporánea describa los sistemas políticos occidentales como “democracia de partidos”, “estado de partidos” (Leibholz) o más recientemente como sistema de “cártel de partidos” (Katzy Mair (38)).
Al final de este desarrollo histórico podemos decir que la elección, como mecanismo de selección del personal político, se ha convertido en un fetiche (39) que da la apariencia de decisión autónoma por el ciudadano, cuando en realidad se circunscribe a un espectro de ofertas muy limitado determinado por otros -del mismo modo que en un mercado de competencia imperfecta- (40). Este culto al fetiche de las elecciones lleva probablemente a que cuasi-instintivamente nos resulte “repugnante” la selección por sorteo. Quizás esta repugnancia o este miedo a pensar lo “impensable” (41) puedan explicar que incluso quiénes planteen la conveniencia de repensar el empleo del sorteo no vayan en general más allá de tímidos apuntes o esbozos.
Sin embargo, el vínculo actual entre democracia y elección (y partidos políticos) resulta bastante paradójico si consideramos que en su origen histórico la democracia estuvo vinculada al sorteo. De hecho, los atenienses tuvieron muy claro que en la medida en que no pudiesen actuar a través de la ekklesia (asamblea ciudadana), cosa que sucedía para infinidad de asuntos por obvias razones espaciales y temporales, su autogobierno (42) (su democracia) debía basarse en una aplicación muy sofisticada del azar. Ello se debió a que comprendieron que el sorteo parte de la igualdad de los ciudadanos para el ejercicio de las funciones públicas, mientras que la elección constituye un sistema aristocrático de selección de los magistrados. Así, la elección quedaba confinada en la época de Pericles (43) a un número limitado de funciones para las que se consideraba necesario un conocimiento técnico especializado. Sin embargo, como decíamos, hoy en día identificamos con toda naturalidad democracia con elecciones, estando éstas completamente mediadas por los partidos políticos.
Ventajas y problemas de las cámaras sorteadas.
No pretendo que el empleo del sorteo y el establecimiento de unas “cámaras sorteadas” puedan erigirse en la gran palanca que permita transformar radicalmente el sistema político actual ni tampoco quiero rescatar del baúl de la historia las instituciones sorteadas creadas por los atenienses clásicos. Nada más lejos de eso. Como he indicado, se trata de una propuesta de alcance limitado, pensada para ser realizable en el corto plazo (al menos como experiencia piloto en niveles locales) y que pretende mejorar la calidad de las democracias representativas actualmente existentes en un proceso de democratización inacabado e inacabable.
Lo anterior no quita que piense que esta innovación institucional encierra un potencial especial en este camino de ensayo y error que es la realidad democrática. Baso esta esperanza, desde un punto de vista comparativo, en que el empleo del azar como medio de selección (unido al establecimiento de mandatos breves y a la colegialidad) es capaz de sortear muchos de los problemas que aquejan a las instituciones democráticas actuales derivados del dominio excesivo de los partidos políticos. Ello se debe a que en la constitución de las cámaras sorteadas se evitaría la mediación de las estructuras de poder establecidas (en especial, de los partidos políticos), limitándose así las posibilidades de colonización o cooptación de dichas cámaras por tales poderes. De este modo, creo que puede limitarse la posición dominante actual de los partidos en el terreno político sin perderse por ello sus contribuciones valiosas a esta esfera como vertebradores de la opinión pública y seleccionadores de personal político profesional.
Si entramos en un mayor detalle y atendemos a las perspectivas directa/participativa, representativa y deliberativa de la democracia considero que las cámaras sorteadas pueden realizar una serie de contribuciones valiosas para una mejor calidad democrática de nuestras instituciones.
En primer lugar, con esta propuesta se avanzaría en una mayor participación e implicación directa (democracia directa y participativa) de partes significativas de la ciudadanía en los asuntos políticos. Dependiendo del grado de implantación de las cámaras sorteadas éstas podrían afectar anualmente a miles o decenas de miles de ciudadanos de manera directa. Ello constituiría seguramente una interesante experiencia de formación democrática para los ciudadanos participantes y tendría probablemente repercusión sobre la actitud del resto de la población, que vería a sus semejantes (familiares, amigos, conocidos o simplemente a otros conciudadanos “corrientes”) participar directamente en el proceso político dentro de un sistema de sorteo que en todo momento podría encomendarles la misma función a ellos mismos44. No cabe duda que para conseguir esta repercusión social sería preciso prever que los medios de comunicación, al menos los de titularidad pública, diesen una cobertura a la actividad de las cámaras sorteadas que fuera equivalente a la conferida a las instituciones electivas.
No obstante, el objetivo de esta innovación institucional no sería tan solo ni principalmente el de incrementar la participación política de la ciudadanía. A este respecto, debe tenerse en cuenta que no parece posible que se pudiera realizar en puridad el principio enunciado por Aristóteles de que todos gobiernen y sean gobernados alternativamente o por turno, pues el papel de estas “cámaras sorteadas” sería limitado y además las probabilidades estadísticas de llegar a ser seleccionado para una de las diversas “cámaras sorteadas” serían muy restringidas. A mi juicio, el objetivo principal y la fundamental ventaja o bondad de las cámaras sorteadas consistiría en mejorar la calidad del sistema representativo, pensado como un sistema de poderes y contrapoderes (checks and balances), al crear un nuevo órgano de representación de la ciudadanía. En este sentido, el diferente método de selección (sorteo en vez de elección), al implantar la posibilidad de que “gobierne cualquiera” (Rancière) –o al menos de que “cualquiera” participe en el gobierno- crearía una nueva fuente, en este caso estadística, de representación de la ciudadanía (que se uniría a las actuales que, en sistemas federales o cuasi federales, representan a la población y al territorio, en ambos casos, por mediación de los partidos políticos). Así, se abriría una brecha en la barrera entre profesionales y profanos de la política, y se promovería la “intrusión” de legos y de intereses ciudadanos no organizados ni actualmente representados en el campo acotado a los políticos, resquebrajando su monopolio en este terreno de juego (45). En definitiva, se podría limitar la influencia excesiva de los partidos y de las demás estructuras de poder predominantes, facilitada por el sistema de elección, constituyendo un contrapoder institucionalizado e independiente de los mismos pero legitimado democráticamente que ayudaría a resolver al menos parcialmente el problema de Quis custodiet ipsos custodes? (quién vigila a los vigilantes)(46) en relación con los detentadores actuales del poder y, en especial, del estamento político.
Desde el punto de vista deliberativo de la democracia, la existencia de instituciones de este tipo puede enriquecer el debate político recuperando la “perdida” función deliberativa de las cámaras representativas (47). Este objetivo podría alcanzarse gracias a que los participantes en las cámaras sorteadas, a diferencia de los representantes políticos actuales, no estarían sometidos a las reglas de juego existentes en el campo de la política y, en consecuencia, carecerían de mandatos dictados meramente por intereses partidistas para negociar u obstaculizar la adopción de decisiones. Por otra parte, tampoco partirían de posturas excesivamente predeterminadas más allá de sus opiniones personales iniciales (48). Asimismo, se democratizaría la función de agenda setting (determinar qué temas son objeto de debate político), ahora prácticamente monopolizada por los partidos y los demás poderes establecidos, y, en consecuencia, se dificultaría la posibilidad de establecer “pactos de silencio” sobre determinados asuntos políticos (por citar algunos: financiación política, sistema electoral, jefatura del estado).
Por otro lado, también creo que esta propuesta tiene un especial interés en comparación con los principales mecanismos de democracia directa manejados hasta ahora. Por un lado, frente al referéndum, la iniciativa legislativa popular o el recall, las cámaras sorteadas no se verían expuestas de la misma manera a la posición de privilegio de los intereses organizados(en la convocatoria, organización, propaganda, discusión o bloqueo de estas iniciativas). Por otro lado, en relación con las propuestas de asambleas ciudadanas o sistemas de auto- o co-gestión, las cámaras sorteadas no contarían con las limitaciones de escala inherentes a los mecanismos asamblearios (que a su vez conducen a la necesidad de delegación para escalas mayores y de nuevo a los problemas propios del sistema representativo). Dichas cámaras tampoco compartirían la debilidad de los mencionados instrumentos de democracia directa frente a su potencial manipulación por intereses organizados (ya sea un partido, una multinacional, un grupo organizado y/o financiado por terceros, etc) ni se verían limitadas por la preponderancia de activistas y militantes (que siempre constituyen una pequeña minoría frente a otros ciudadanos con menor formación, motivación o posibilidades de dedicación temporal)(49).
La institucionalización del sorteo presenta además ventajas sobre las iniciativas de democratización interna de los partidos políticos, impulsadas con limitado éxito por partidos de la izquierda y del movimiento verde desde hace años, pero que se ven fuertemente condicionadas por el terreno de juego asimétrico en el que se desarrolla la política electoral, que prácticamente exige como precio a pagar por el éxito en elecciones el establecimiento de un funcionamiento contrario a dichos esfuerzos de democratización interna (liderazgo “fuerte”, unidad de discurso y negación de disidencias, predominio del político profesional, etc.).
Obviamente el sorteo y las “cámaras sorteadas” presentan una serie de posibles problemas importantes.
Los argumentos clásicos esgrimidos en contra de la democracia directa(y, con ello, en contra de que el pueblo raso ejerza el poder) y a favor del sistema representativo, relevantes a efectos de este artículo (50), son esencialmente el argumento de la capacitación, es decir, que mediante la elección se designa a los mejores (más sabios, más inteligentes, más experimentados etc.), y el argumento de la escala, es decir, que es necesario elegir a un grupo pequeño que represente al resto que por razones materiales y temporales serían incapaces de participar a la vez y que el grupo de escogidos hallará mejor el interés verdadero del país (51).
En relación con el argumento de la capacitación (pues creo que podemos dejar de lado sin más los argumentos relativos a la supuesta especial sabiduría o virtud de los políticos profesionales y al interés “verdadero” del país) podemos de hecho esperar que los ciudadanos elegidos por sorteo normalmente contarán con niveles de formación académica menos elevados que los actuales representantes políticos. No obstante, cabe argüir que en las sociedades occidentales contemporáneas partimos de unos niveles de educación relativamente elevados y que no existen evidencias ni argumentos de índole democrática claros que impliquen que un nivel de formación académico inferior suponga necesariamente un menoscabo o un impedimento en la deliberación y decisión sobre cuestiones de interés público. En realidad el representante político imperante es esencialmente un experto en la política partidista, es decir, en su supervivencia dentro y fuera del partido y en el éxito de su partido en el objetivo de alcanzar cuotas de poder institucional. Sin embargo, esta expertise del político profesional o, como dice Bourdieu, esta “competencia específica” (52) afortunadamente no sería necesaria para los ciudadanos seleccionados para formar parte de una cámara sorteada. En segundo lugar, en relación con el argumento de la escala, ya hemos visto que la propuesta que tratamos aquí de difundir no pretende lograr la participación de todos los ciudadanos en una megaasamblea, sino la creación de un número limitado de instituciones compuestas por cualquier ciudadano que actúen como check and balance respecto de los poderes actualmente predominantes.
Un problema más importante puede ser el de la responsabilidad o control de las “cámaras sorteadas” y de sus integrantes y el relacionado con los incentivos que tendrían que tener para desarrollar una actuación mínimamente aceptable. En el caso de estas cámaras decaerá el incentivo que tienen los políticos “elegidos” consistente en ser reelegidos y mantener o progresar en su carrera política, que en la mayor parte de países de nuestro entorno depende principalmente de la dirección de su partido político e indirectamente del control ejercido, en su caso, por los medios de comunicación (“opinión pública”) o por el voto del electorado (en el caso de los políticos “designados” por los partidos directamente la influencia del voto decae o es a lo sumo indirecta). Si echamos la vista atrás vemos que en Atenas, aparte de controles morales y sociales dictados por su ética ciudadana, existían controles institucionalizados para los magistrados seleccionados por sorteo, tanto antes de la toma de posesión del cargo (dokimasie (53)), y al finalizar el mismo, como durante el desempeño del mismo, residiendo en última instancia el control en la ekklesia y en los tribunales (compuestos a su vez por ciudadanos elegidos por sorteo). Hoy en día no cabe el control por parte del conjunto de los ciudadanos reunidos en asamblea, pero nada impediría que se establecieran controles antes, durante y después del período de ejercicio de los miembros de las cámaras sorteadas (54). A fin de no reintroducir el control de los partidos políticos por la puerta de atrás, este control negativo debería ser ejercido por otro cuerpo sorteado o, en su defecto, por los jueces y tribunales (quizás, precisamente, por jurados populares), de acuerdo con un conjunto de reglas, sometidas al mayor debate ciudadano y que podrían someterse a su refrendo por el conjunto de la población, que estableciese los mínimos de desempeño y conducta esperables (las sanciones por incumplimientos podrían ir desde la privación de salarios percibidos hasta la imposición de penas de cárcel en casos de corrupción, tráfico de influencias, etc.)(55).
Probablemente sea en el terreno de los incentivos positivos donde se puedan plantear más dudas. En efecto, si bien los controles negativos antes enunciados pueden evitar actuaciones gravemente irregulares, sigue pendiente determinar cuál sería el estímulo positivo para que los ciudadanos fueran participativos y se esforzaran en el ejercicio de sus funciones. Como veíamos antes, a diferencia de los políticos profesionales, los ciudadanos seleccionados no tendrían el afán de progresar en su carrera política como aliciente para desempeñar correctamente su papel. A este respecto, y descartando de antemano transformaciones espontáneas de los ciudadanos actuales en ideales de virtud y participación públicas, creo que podemos contar, no obstante, con algunos elementos que podrían servir de alicientes. En primer lugar, los ciudadanos seleccionados dispondrían de una retribución económica que percibirían por participar con la correlativa amenaza de perderla en caso de conducta inadecuada. En segundo lugar, podemos asumir que la atribución de poderes a las cámaras representativas(no decisorios, pero sí de intervención preceptiva y de influencia en el proceso político) y su consecuente relevancia pública generarían en dichas cámaras, como en cualquier otra organización, una natural dinámica de justificación de su existencia y de mantenimiento y expansión de sus funciones. Con ello, se generarían probablemente dinámicas internas en las citadas cámaras para plantear posturas propias y bien fundamentadas. Esas dinámicas internas pueden suponer en el plano más personal un estímulo para la mayoría de los seleccionados de desarrollar una conducta responsable en el desempeño de sus cargos. Es también previsible que las citadas dinámicas lleguen a fomentar liderazgos no institucionalizados por parte de los miembros más activos de las cámaras que asumirían un papel de iniciativa en su seno. Estas actitudes ambiciosas estarían a su vez controladas frente a excesos al no existir, en principio, perspectivas de iniciar una carrera política profesional una vez finalizado el mandato anual. Finalmente, en el diseño de los procedimientos de organización y funcionamiento interno de las cámaras puede promoverse la creación de incentivos positivos para la participación activa y equilibrada de la generalidad de sus miembros, entre otros, mediante la institución de mecanismos de rotación en cargos internos (poniendo coto a liderazgos espontáneos), la creación de comisiones específicas o la atribución de responsabilidades concretas a subgrupos de integrantes.
Puede también plantearse como problema que la adición de un nuevo elemento institucional en el complejo entramado institucional vigente podría conllevar mayores ineficiencias en el funcionamiento del aparato políticoadministrativo. En relación con este punto, estimo que un inteligente diseño procedimental junto a la limitación de funciones anteriormente expuesta puede evitar este tipo de problemas y conjugar adecuadamente la eficiencia en la toma de decisiones con un máximo de deliberación en su proceso de adopción.
Otra cuestión problemática sería la de la posible influencia excesiva de los expertos (expertos asesores de las cámaras sorteadas y expertos de las instituciones públicas) sobre los miembros de las cámaras sorteadas por su mayor conocimiento de los asuntos, control de la información relevante y experiencia. Creo que este argumento es en buena medida extrapolable a los políticos actuales, que no suelen ser expertos en los ámbitos que gestionan, por lo que no supondría una gran novedad. Una vía para que las consecuencias de este problema puedan ser controladas en la práctica sería la consistente en asegurar la obtención de opinión e información de todas las partes interesadas en cada asunto y de expertos independientes a las mismas como paso previo a una deliberación por parte de la cámara sorteada (56).
Finalmente, entre los argumentos que podrán ser esgrimidos en contra de considerar esta propuesta están los obstáculos jurídico-constitucionales que deberían superarse para su adopción en España. En este sentido, no se me oculta que una plena aplicación del modelo de cámaras sorteadas(atribuyéndoles todas las funciones expuestas al principio de este texto), especialmente en el nivel estatal y autonómico, requeriría una previa modificación de normas especialmente rígidas como son la Constitución de 1978 y los estatutos de autonomía. Sin embargo, no creo que fuese necesario ni probablemente deseable concentrar todas las energías en cambios de dicho calado en un primer momento. De hecho, no sería descabellado pensar que un primer paso se diese con la constitución de cámaras sorteadas de carácter consultivo (análogas en funciones y rango al consejo de estado y a los consejos consultivos autonómicos), para cuya creación serían suficientes leyes ordinarias que, al menos en el ámbito del estado, podrían promoverse mediante iniciativas legislativas populares. La creación de cámaras sorteadas más específicas vinculadas a departamentos ministeriales o consejerías podría instrumentarse, asimismo, por esa vía de ley ordinaria. Otra vía factible, sobre todo para abrir inicialmente camino, sería la de constituir cámaras sorteadas como experiencias piloto (por ejemplo en el nivel municipal) sobre la base del compromiso político del partido o partidos gobernantes correspondientes de respetar y tomar en consideración las opiniones que expresasen tales cámaras.
Por último, y desde un punto de vista práctico, una propuesta de este tipo, caso de obtener un mínimo respaldo, encontraría lógicamente su principal escollo en quiénes actualmente monopolizan el campo de juego político y las funciones que habrían de compartir con las “cámaras sorteadas”: los partidos políticos existentes y demás estructuras de poder interesadas en mantener el statu quo.
A modo de conclusión.
Este breve artículo no pretende más que desarrollar ideas apuntadas por otros y ante todo lanzar un debate que puede resultar interesante para contribuir a imaginar e inventar (57) instituciones que nos ayuden a profundizar en la democratización de nuestro sistema político. En este sentido, desearía que el texto antecedente sirviera de invitación a debatir la conveniencia de explorar el mecanismo del sorteo y de las cámaras sorteadas que tal y como he tratado de exponer son factibles y presentan interesantes ventajas desde el punto de vista representativo, participativo y deliberativo de la democracia. De este debate sería posible extraer una reflexión más madurada que, en su caso, podría constituir un punto de partida que inspirase el lanzamiento experiencias piloto de cámaras sorteadas (a nivel municipal, de distrito o dentro de las propias fuerzas políticas) que puedan abrir nuevos caminos de democratización.
Jorge Cancio
Miembro del Grupo de Estudios Críticos – La Undécima Tesis. Parte de las ideas de este artículo fuerondebatidas en el seno del Grupo en 2005 y 2006 - agradezco una vez más los comentarios, críticas y propuestas de mis compañeros y, en especial, la paciencia y sugerencias de Laura, Diego, Javier, Germán, Paz, Nicolás, Mario, Eduardo, Henar y Juan. También quiero agradecer las acertadas críticas de Juan- Ramón Capella a un primer borrador de este texto, así como los comentarios recibidos de Antoine Vergne. Las direcciones web citadas en este artículo han sido visitadas en septiembre de 2009. Versión impresa de este artículo publicada en la revista mientras tanto, número 112, otoño 2009.
jorge.cancio@gmail.com
1 Se trata del exitoso programa Tengo una pregunta para usted emitido por Televisión Española en diferentes intervalos desde 2007. Más información en http://es.wikipedia.org/wiki/Tengo_una_pregunta_para_usted.
2 La propuesta que sigue comparte varios elementos con las planteadas por Benjamin Barber, Robert A. Dahl y el colectivo editorial de Cuadernos del Sureste, citadas y referenciadas más abajo.
3 En estudios de mercado o de opinión suele considerarse que una muestra de unas 2000 personas es altamente representativa de la población española mayor de 16 años. Por otra parte, como recuerda Robert A. Dahl, 600 suele ser el número máximo de miembros de una cámara legislativa para que pueda ser mínimamente operativa. Por otro lado, y siguiendo el ejemplo ateniense de la Boulé (el “consejo de los 500”), podrían establecerse turnos para distribuir la carga de trabajo entre los miembros de la cámara sorteada de modo que la dedicación necesaria por cada miembro individual sería menor, sin perjuicio de mantener a todos puntualmente informados y con posibilidades de participar mediante la utilización de tecnologías de la información y la comunicación.
4 Existen argumentos a favor de la voluntariedad (principalmente, que se limitaría la participación a quiénes estuviesen interesados en ello), pero a mi juicio no compensan las desventajas que se derivarían necesariamente de ella para la representatividad del conjunto de ciudadanos seleccionados respecto de la población representada.
5 Véanse como ejemplo de garantías de este tipo el artículo 7.2 de la Ley Orgánica 5/1995 del tribunal del jurado.
6 También puede servir de inspiración la regulación contenida para los integrantes del tribunal del jurado en los artículos 8 a 12 de la Ley Orgánica 5/1995 del tribunal del jurado.
7 Cfr. Bernard Manin, The Principles of Representative Government, Cambridge University Press, New York, 1997, p. 9: “[…] the political use of lot is virtually never thought about today.” Sin embargo, Antoine Vergne considera que puede identificarse una incipiente escuela que propugna el uso del sorteo para la mejora de la democracia (escuela que denomina “clerist school of thinking”, por “kleros” sorteo en griego), cfr. Antoine Vergne, “Is the Age of Sortition upon Us? A Bibliography with comments on Random Selection in Politics”, en Delannoi Gil, Oliver Dowlen, and Antoine Vergne (editores), Sortition in Theory and Practice. Imprint Academic, de próxima publicación.
8 Cfr., entre otros, el manual “estándar” de David Held, Models of Democracy, segunda edición, Stanford University Press, Stanford California, 1996, que hace únicamente una somera referencia a los voters’ juries, o, como muestra sociológica, el contenido de la entrada “democracia” en la versión española de wikipedia en la que se obvia por completo el mecanismo del sorteo, http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia. Profundizando la búsqueda se halla una brevísima referencia a la demarquía propuesta por John Burnheim en la siguiente entrada http://es.wikipedia.org/wiki/Demarqu%C3%ADa que, sin embargo, cuenta con un contenido mucho más extenso en las versiones alemana e inglesa de wikipedia en las que, junto a la obra de Burnheim, se comentan los trabajos teóricos y prácticos de otros autores. La entrada más completa sobre esta materia en wikipedia puede encontrarse en la versión inglesa bajo el concepto “sortition” http://en.wikipedia.org/wiki/Sortition.
9 Puede tomarse como referencia la entrada “Demokratie” en Dieter Nohlen, Kleines Lexikon der Politik, segunda edición, Verlag C. H. Beck, Munich, 2002.
10 Cfr., entre otros, Jon Elster (editor), Deliberative Democracy, Cambridge University Press, Cambridge, 1998.
11 Vid. como muestra de este cariz normative la definición de Elster, op. cit, p. 1, “The idea of deliberative democracy, or decision making by discussion among free and equal citizens, is having a revival.” (las cursivas son mías).
12 Cfr. una descripción reciente de estos debates en Juan Carlos Velasco Arroyo, “Acerca de la democracia deliberativa. Fundamentos teóricos y propuestas prácticas”, Asamblea – Revista Parlamentaria de la Asamblea de Madrid, nº 9, diciembre 2003. Servicio de publicaciones Asamblea de Madrid.
13 No quiero entrar aquí en otros ámbitos de debate como la democracia social, económica o industrial. A este respecto, por ejemplo, puede verse Albert Recio, “Dimensiones de la democracia económica”, mientras tanto, número 79, 2001, pp. 19-40.
14 Desde Karl Marx hasta Juan-Ramón Capella, pasando por Ralph Miliband, C.W. Mills o Herbert Marcuse.
15 Umberto Cerroni, en Problemas de transición al socialismo, Crítica, Barcelona, 1979 y Perry Anderson, en Reflexiones sobre el marxismo occidental, 7ª edición, Siglo XXI editores, Madrid,1987, señalaron en su día respectivamente la “ausencia de una teoría marxista del estado” y como cuestión pendiente de la izquierda “las formas institucionales de la democracia socialista en occidente”. Por su parte los programas políticos de Izquierda Unida –por poner como ejemplo la fuerza política de la izquierda transformadora más relevante en España- (p.e., el de la VI Asamblea de 2000) han incluido como medidas de “profundización democrática” la iniciativa legislativa popular, el control de los servicios públicos, la reforma de la legislación electoral, el impulso de presupuestos participativos y el incremento de competencias de las corporaciones locales. Cabe señalar que no se detecta una gran variación entre las mencionadas medidas y las propuestas debatidas durante la transición española, cfr. VV.AA., Vías democráticas al socialismo, Editorial Ayuso, Madrid, 1980, passim.
16 El sistema consejista descrito por Marx en la La Guerra Civil en Francia ha sido objeto de numerosos desarrollos teóricos e incluso intentos de aplicación práctica por parte de la izquierda, cfr. Laurent Tschudi, Kritische Grundlegung der Idee der direkten Rätedemokratie im Marxismos, editorial desconocida, 1952, o U. Bermbach (editor), Theorie und Praxis der direkten Demokratie, Westdeutscher Verlag, Opladen, 1973.
17 Un valioso análisis reciente del papel de los partidos políticos se encuentra en Juan-Ramón Capella, Entrada en la barbarie, Editorial Trotta, Madrid, 2007, en especial en las pp. 170 y ss. Asimismo, es muy iluminador el análisis del “campo político” contenido en Pierre Bourdieu, Propos sur le champ politique, Presses Universitaires de Lyon, Lyon, 2000, passim. Me remito a estos y otros análisis en relación con el papel dominante de los partidos en el campo político que presenta variaciones de grado según los territorios que se consideren. En España podemos hablar de un sistema de dominio de los partidos refrendado constitucionalmente y de un bipartidismo imperfecto promovido por el régimen electoral establecido por sus principales beneficiarios (los partidos mayoritarios nacionales y los partidos nacionalistas o regionalistas), cfr. Juan-Ramón Capella (Ed), Las sombras del sistema constitucional español, Editorial Trotta, Madrid, 2003, pp. 107-149 (contribuciones de Luis Ramiro y Gerardo Pisarello) o Arend Liphart, Patterns of democracy. Government Forms and Performance in Thirty-Six Countries,Yale University Press, New Haven, 1999, p. 303.
18 Cfr., en este sentido, Thomas E. Cronin, Direct Democracy. The Politics of Initiative, Referendum and Recall, Harvard University Press, Cambridge, 1989, p. 5 “And although the direct democracy devices of the initiative, referendum, and recall type are widely available, the evidence suggests it is generally the organized interests that can afford to put them to use.”
19 Cfr. Jürgen Habermas, Die Einbeziehung des Anderen. Studien zur politischen Theorie, Suhrkamp, Frankfurt, 1999, pp. 285-292, en las que expone su modelo normativo de “política deliberativa”.
20 Resulta siempre difícil y arriesgado establecer el punto divisorio entre autores “conocidos”, “consagrados” o del mainstream y autores “minoritarios”; a efectos de este artículo me he guiado para ello grosso modo por su aceptación tanto académica (reflejada en citas y menciones por otros autores y en diccionarios de ciencia política) como social (por su volumen de menciones en buscadores de Internet y enciclopedias libres como wikipedia).
21 Cfr. Jacques Rancière, El odio a la democracia, Amorrortu, Buenos Aires, 2006, pp. 64 y siguientes.
22 Benjamin Barber, Strong Democracy.Participatory Politics for a New Age, University of California Press, Berkeley, 2003, pp. 290-293. Barber considera apropiado aplicar el sorteo a asambleas locales“[…] where the lot system could select delegates to regional representative assemblies such as representative town meetings or neighbourhood assembly congresses at the district or state level.” También sugiere que se elijan por sorteo “[…] a limited number of statewide delegates to state legislative assemblies”. El segundo ámbito donde cree que funcionaría el sorteo es “[…] the filling of local offices where special knowledge or expertise is not required.”
23 Cfr. Robert A. Dahl, After the revolution?, Yale University Press, New Haven, 1970, pp. 149-153 y Robert A. Dahl, Democracy and its critics, Yale University Press, New Haven, 1989, pp. 340 y ss. En Democracy and its critics, Dahl plantea su idea de creación de un minipopulus que describe como sigue: “[…] consisting of perhaps a thousand citizens randomly selected out of the entire demos. Its task would be to deliberate, for a year perhaps, on an issue and then to announce its choices. The members of a minipopulus could “meet” by telecommunications. One minipopulus could decide on the agenda of issues, while another might concern itself with a major issue. Thus one minipopulus could exist for each major issue on the agenda. A minipopulus could exist at any level of government –national, state, or local. It could be attended –again by telecommunications- by an advisory committee of scholars and specialists and by an administrative staff. It could hold hearings, commission research, and engage in debate and discussion.” En After the revolution? este mismo autor propone: “[…] that we seriously consider restoring that ancient democratic device and use it for selecting advisory councils to every elected official of the giant polyarchy – mayors of large cities, state governors, members of the U.S. House and Senate, and even the president.” Kevin O’Leary, que estudió con Dahl, desarrolla las anteriores ideas en su reciente Saving Democracy: A Plan for Real Representation in America, Stanford Law Books, Stanford, 2006. O’Leary plantea que en una primera fase se cree una asamblea de 100 ciudadanos elegidos por sorteo en cada una de las 435 circunscripciones de diputados de la Cámara de Representantes que deliberarían y emitirían opiniones sobre asuntos políticos internos e internacionales. En una segunda fase, la red de asambleas se constituirían en una “cámara del pueblo” (people’s house) a la que se atribuirían competencias de codecisión en el procedimiento legislativo federal de EEUU, cfr. op. cit., pp. 7 y ss.
24 Cfr. Juan-Ramón Capella, Entrada en la barbarie, op. cit., p. 79, donde plantea la cuestión siguiente: “Así, si se supone que es preciso designar a una persona para determinada función pública, ¿por qué recurrir a la elección y no al sorteo, como hacían los antiguos atenienses?”.
25 Cfr. Barbara Goodwin, Justice by lottery, segunda edición, Imprint Academic, Exeter, 2005, p. 189.
26 Antoine Vergne clasifica las aportaciones en “radicales” y “reformistas”, cfr. Antoine Vergne, op. cit.
27 Barbara Goodwin, Justice by lottery, op. cit. Esta autora repasa en las páginas 181 a 192 y 243 a 247 de dicha obra buena parte de las contadas propuestas contemporáneas que propugnan el sorteo como mecanismo de mejora institucional de la democracia. Puede citarse entre las mismas la de Callenbach y Phillips que en su libro de 1985 A Citizen Legislature planteaban sustituir la cámara de representantes estadounidense por 435 representantes sorteados. También es mencionada por Goodwin la “neodemocracia” de Antoine Vergne que supondría sustituir a los representantes elegidos de las democracias actuales por representantes sorteados, cfr. “Neodemokratie: Wahl unserer Parlamentarier durch das Los?” disponible en http://www.netzwerk-gemeinsinn.net/content/view/127/45/.
28 Sintomer repasa en su obra Le pouvoir au peuple: jurys citoyens, tirage au sort et démocratie participative, La Découverte, París, 2007, la historia del nacimiento, olvido y reciente renacer del sorteo, propugnando una recuperación más vigorosa del mismo para el ámbito político y, en particular, reemplazar el senado francés por una cámara elegida por dicho método, cfr., Yves Sintomer, Le pouvoir au peuple: jurys citoyens, tirage au sort et démocratie participative, La Découverte, París, 2007. Dos propuestas similares de sustitución de la Cámara de los Lores británica pueden encontrarse en K. Sutherland, The Party’s over, Imprint Academic, Exeter, 2004, y A. Barnett y Peter Carty, The Athenian Option: Radical Reform for the House of Lords, Imprint Academic, Exeter, 2008.
29 Puede encontrarse una comparativa de ambas propuestas en http://www.europemaxima.com/spip.php?article268.
30 Con excepción quizás de la (genérica) intención manifestada por la candidata Ségolène Royal en las presidenciales francesas de 2007 de constituir jurados ciudadanos para “supervisar” el cumplimiento de los programas electorales por parte de los representantes electos.
31 Véase la experiencia de las Planungszellen (células de planificación) en Alemania http://de.wikipedia.org/wiki/Planungszelle o de los citizen’s juries en Estados Unidos http://en.wikipedia.org/wiki/Citizens%27_jury. David Held menciona los voters’ juries en Models of Democracy, op. cit., p. 321. Un análisis de estas experiencias, y, en especial de los Núcleos de Intervención Participativa (NIP) (denominación castellana de las Planungszellen), ideados por Peter Dienel, incluyendo su comparación con otros mecanismos de democracia directa y participativa, puede encontrarse en los artículos de Hans Harms, “La necesidad de repensar la democracia” (en colaboración con Sonia Pereyra) y “La necesidad de repensar la democracia II”, Revista Sistema, número 193 (07/2006), p. 3-24, y número 203-204 (05/2008), p 95-106, disponibles electrónicamente en http://www.partizipative-methoden.de/index.php?page=artikel-zum-thema-planungszelle. También cabe mencionar entre las experiencias de alcance limitado la de la Citizens’ Assembly on Electoral Reform en la región canadiense de British Columbia, que fue creada a instancias del parlamento de la región y cuyos miembros fueron elegidos por sorteo con la misión de evaluar diferentes mejoras al sistema electoral, desarrollando sus trabajos entre 2003 y 2005, cfr., sobre este caso, J. H. Snider propone en “Solving a Classic Dilemma of Democratic Politics: Who Will Guard the Guardians?”, revista National Civic Review, número 94:4, invierno de 2005, pp. 24 a 29 (disponible en http://www.ncl.org/publications/ncr/94-4/Snider.pdf)
32 En línea, por tanto, del ejemplo de la polis de Tarento mencionado por Aristóteles en su Política, Espasa Calpe, 21ª edición, Madrid, 2000, p. 268.
33 Para un análisis histórico de la transformación del concepto de democracia, pasando del sorteo a la elección como método de selección de sus magistrados, es esencial la obra de Bernard Manin, The Principles of Representative Government, op. cit. Manin, p. 79, señala que la idea del sorteo, pese a ser conocida por autores de la Ilustración como Montesquieu o Rousseau, desapareció sin dejar apenas rastro y no fue considerada seriamente durante las revoluciones francesa y estadounidense.
34 Cfr. Bernard Manin, The Principles of Representative Government, op. cit., p. 82: “[…] there was indeed one notion in the light of which the respective merits of lot and election must have appeared widely different and unequal, namely, the principle that all legitimate authority stems from the consent of those over whom it is exercised – in other words, that individuals are obliged only by what they have consented to. The three modern revolutions were accomplished in the name of this principle.”
35 Véanse a este respecto las referencias bibliográficas citadas en la nota a pie número 17. Respecto de la evolución de los partidos políticos es destacable el papel pionero que asumió la socialdemocracia alemana como primer partido de masas organizado burocráticamente.
36 Fenómeno que en Alemania ha dado lugar al neologismo Parteienverdrossenheit (traducible como “hastío de los ciudadanos con los partidos”) y que se refleja en fenómenos como la erosión ideológica de los partidos, la reducción de la fidelidad de los votantes a partidos concretos, el aumento de la abstención, la caída del número de militantes, etc., cfr. en este sentido la entrada Parteienverdrossenheit en Dieter Nohlen y Rainer-Olaf Schultze (editores), Lexikon der Politikwissenschaft, tercera edición, C. H. Beck, Munich, 2005.
37 Si bien desde puntos de vista y extrayendo conclusiones muy diferentes, autores dispares como C. W. Mills, Robert Dahl o Ralph Miliband llaman la atención sobre la diversidad de estructuras de poder en las sociedades occidentales actuales.
38 Cfr. R. S. Katz y P. Mair, “Changing Models of Party Organization and Party Democracy. The Emergence of the Cartel Party”, en Party Politics 1, 1995, pp. 5-28.
39 Hay un interesante artículo de Pierre Bourdieu que aborda la cuestión de la delegación y el fetichismo político: “La délégation et le fétichisme politique”, Actes de la recherche en sciences sociales, nº 52/53, junio 1984, pp. 3-14. Este texto está disponible en http://www.persee.fr/web/revues/home/prescript/article/arss_0335-5322_1984_num_52_1_3331.
40 Cfr. por ejemplo la crítica al modelo schumpeteriano de la democracia realizada por C. B. Macpherson, La democracia liberal y su época, Alianza, Madrid, 1982, pp. 116-117: “Es decir, no hay más que unos cuantos vendedores, unos cuantos proveedores de mercadería política, o en otros términos, unos pocos partidos políticos. […] Cuando hay tan pocos vendedores no necesitan responder, y no responden, a las demandas de los compradores igual que deben hacerlo en un sistema de plenamente competitivo. Pueden fijar los precios y establecer la gama de mercaderías que se van a ofrecer. Además, en gran medida pueden crear ellos mismos la demanda. En un mercado oligopólico la demanda no es autónoma, no es un dato independiente.”
41 Cfr. Jacques Rancière, El odio a la democracia, op. cit., p. 65
42 No olvido que la polis ateniense era un sistema socio-político que excluía a esclavos, extranjeros y mujeres de sus instituciones democráticas, pero considero que a efectos de este artículo ésta, por lo demás trascendente circunstancia, no es relevante.
43 Para ello fue necesario un continuo proceso de lucha política (que llevó consigo, entre otras cosas, el asesinato del precursor de Pericles, Ephialtes, en 461 a.C.) para la profundización de las reformas democráticas iniciadas por Clístenes alrededor de 510 a.C. en las que se promovió activamente la sustitución de la elección por el sorteo para la selección de magistrados. Cfr. Jochen Bleicken, Die athenische Demokratie, cuarta edición, Ferdinand Schöningh Verlag, Paderborn, 1995, pp. 312 a 326. Es destacable que durante el apogeo del sistema democrático ateniense –entre 461/2 a.C. y 322 a.C.- la inmensa mayoría de sus alrededor de 700 magistrados eran elegidos por sorteo, a los que hay que sumar los 500 miembros de la Boulé (encargado de preparar las reuniones de la asamblea y de llevar el día a día de muchos asuntos públicos) y los integrantes de los tribunales populares que también eran sorteados.
44 Podemos decir que las cámaras sorteadas serían una “escuela de formación del espíritu político”. Cfr., en este sentido, John Stuart Mill, Consideraciones sobre el gobierno representativo, Alianza, Madrid, 2001, p. 94: “[…] allí donde no existe esta escuela de formación del espíritu público, apenas hay un sentido de que los individuos particulares que no ocupan una posición destacada en la sociedad tienen también un deber para con ésta, además del de obedecer las leyes y someterse al gobierno.”
45 Sigo aquí la sugerente terminología acuñada por Bourdieu en Propos sur le champ politique, op. cit.
46 De modo similar, aunque con un alcance más limitado, J. H. Snider propone en “Solving a Classic Dilemma of Democratic Politics: Who Will Guard the Guardians?”, op. cit., p. 22 a 29, que “jurados electorales ciudadanos” elegidos por sorteo resuelvan cuestiones de régimen electoral a fin de evitar un control excesivo de la entrada al mercado político por parte de los partidos ya establecidos.
47 “Perdida” en el sentido de que los partidos políticos actuales no deliberan, sino que negocian, teniendo no obstante bien en cuenta que la época dorada de la deliberación principalmente se dio cuando las cámaras representativas eran órganos elitistas elegidos únicamente por los miembros de dichas élites.
48 Resulta interesante el dato destacado por Hans Harms en relación con las experiencias de aplicación de los NIP en las que “[…] un elevado porcentaje de los participantes – hasta un 80% - afirma haber cambiado su opinión sobre alguno de los asuntos debatidos. Algo realmente inusual, comparado con otros procesos, en los que los participantes muchas veces ni escuchan a la otra parte y van a defender con todos sus medios sus opiniones e intereses anteriormente configurados.” Cfr. Hans Harms, “La necesidad de repensar la democracia II”, op. cit., p 95-106.
49 Cfr. la experiencia de los presupuestos participativos descrita en “Democracia participativa en Brasil”, Joan Tafalla y José Valenzuela, disponible en http://www.moviments.net/espaimarx/. Si bien las cifras expuestas en dicho artículo indican un incremento muy notable de participación de 403 personas en 1989 a alrededor de 20.000 en 1998 los autores indican que los “[…] participantes son, en muchos casos, dirigentes”.
50 Una cuestión no relevante aquí es la acusación, realizada por autores clásicos como Kant o Locke, de que la democracia directa, al carecer de un sistema de contrapoderes, desemboca necesariamente en un despotismo.
51 Cfr. como ejemplo clásico el Federalist Paper número 10 (Madison) que identifica el mecanismo de la delegación y representación (que llevaría a un refinamiento y ensanchamiento de las miras y una mayor sabiduría de los gobernantes en beneficio del verdadero interés del país) como diferencia esencial entre “democracia pura” (caracterizada por su número reducido de ciudadanos, la asamblea y la administración personal, el predominio de facciones, la ausencia de controles –checks-, su turbulencia y su incompatibilidad con la seguridad y propiedad personales, además de su corta duración histórica) y el sistema por ellos propuesto de la “república”.
52 Pierre Bourdieu, Propos sur le champ politique, op. cit., p. 58 y s.
53 Se trataba de un control ejercido por la Boulé para sus miembros o por los tribunales para los demás magistrados que tenía como finalidades principales descartar a incapaces mentales o morales y a ciudadanos políticamente no fiables. Cfr. Jochen Bleicken, Die athenische Demokratie,op. cit., p. 321.
54 Como ya he señalado anteriormente, parte de estos controles podrían inspirarse en el régimen establecido en la Ley Orgánica 5/1995 del tribunal del jurado.
55 Valga como referencia que la actuación de los ciudadanos que en la actualidad son designados por sorteo para el desempeño de funciones públicas en mesas electorales o en el tribunal del jurado está sometida a una serie de obligaciones establecidas legalmente cuyo incumplimiento puede ser sancionable.
56 Una visión positiva sobre la posibilidad de que los expertos desempeñen un papel que facilite la participación popular puede encontrarse en Joaquín Sempere, “La democracia y los expertos”, mientras tanto, número 96, 2005, p. 103.
57 Necesidad que señalan Bourdieu en Propos sur le champ politique, op. cit., p. 71 y Juan-Ramón Capella en diversos escritos, entre otros, en. “Notas sobre la repugnancia hacia la política”, en mientras tanto, nº 86, primavera 2003, pp. 31-45. En un sentido similar se expresa asimismo el historiador Moses I. Finley en Vieja y nueva democracia y otros ensayos, Editorial Ariel,Barcelona, 1980, al plantear la pertinencia de inventar nuevas formas de participación del pueblo en los asuntos públicos ajustadas a la situación actual, siguiendo el espíritu de la democracia ateniense, aunque no sus formas concretas que ya son meramente históricas. La referencia la he extraído de la edición alemana, Antike und moderne Demokratie, Philipp Reclam, Stuttgart, 1987, p. 41.
Fuente: http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1561003
Imagenes: wikipedia.org
La dernière révolution politique, la révolution contre la cléricature politique, et contre l’usurpation qui est inscrite à l’état potentiel dans la délégation, reste à faire. Pierre Bourdieu, Propos sur le champ politique (2000)
Quisiera invitar al lector o lectora a realizar un pequeño esfuerzo de imaginación.
Imaginemos que el Presidente del Gobierno se somete a una breve sesión de preguntas por parte de un grupo de ciudadanos seleccionados conforme a criterios estadísticos destinados a asegurar una muestra representativa de la población española. Imaginemos también que esta sesión es transmitida en directo por una cadena mayoritaria de televisión en un horario de máxima audiencia al conjunto de la población, que puede así contemplar en directo cómo el jefe del ejecutivo responde a las preguntas – no conocidas de antemano – de sus conciudadanos.
Lo dicho hasta el momento, como seguramente habrá deducido el lector, aun cuando no suela ver la televisión, no es un supuesto imaginario, sino un programa de televisión existente(1).
Ahora avancemos algunos pasitos más allá del programa de televisión. Pensemos que este ejercicio de control se repite periódicamente, que se extiende a cargos políticos de todos los niveles, que las cuestiones son realmente desconocidas para el interrogado, que tiene una duración de una o varias jornadas, que no existe un presentador que conduce el programa, que no hay cualesquiera instrucciones o indicaciones al público asistente que limiten el espectro de sus intervenciones. Probablemente, con esto el espacio televisivo cambiaría en buen grado.
No obstante, no nos paremos ahí y vayamos más allá. Supongamos que el programa no es únicamente un formato televisivo de emisión irregular sino que planteamos una verdadera innovación institucional de la democracia (2).
Propuesta de innovación institucional: creación de cámaras sorteadas.
Supongamos que esta nueva institución, que podemos denominar cámara sorteada, presentase las siguientes características:
En primer lugar, sus componentes serían seleccionados por sorteo, procurando al máximo que el resultado fuese representativo de la población española. El número de ciudadanos seleccionados se situaría entre 600 y 2000 (3) y ejercerían sus funciones durante un tiempo total efectivo de varias semanas a lo largo de un año, no pudiendo volver a desempeñar esta función en el futuro. Su participación sería obligatoria (4), remunerada adecuadamente y les serían conferidas garantías legales de que su participación no supusiese un detrimento para su vida laboral (5). Serían sometidos a un régimen de incompatibilidades, abstención y recusación y dotados de garantías jurídicas frente a presiones indebidas por parte de terceros. (6)
En cuanto a las funciones de esta nueva institución, éstas no solo comprenderían la presentación de preguntas orales in situ, sino también preguntas por escrito y otras funciones como mociones, interpelaciones e incluso iniciativas normativas. Asimismo, la cámara sorteada tendría una participación preceptiva en la elaboración de propuestas normativas planteadas por el Gobierno, el Congreso o el Senado (incluida la ley anual de presupuestos generales del estado). También le sería conferido un papel en la elección, designación y control (censura) de los miembros de órganos ejecutivos (ministros, secretarios de estado, responsables de organismos públicos) y de los componentes de otros poderes y organismos políticos del estado (tribunal constitucional, consejo general del poder judicial, tribunal de cuentas, defensor del pueblo, directivos de medios de comunicación públicos, etc.).
Finalmente, supongamos que el ejercicio de estas atribuciones se desarrollaría de acuerdo con procedimientos deliberativos. Para ello, este cuerpo contaría con un equipo de expertos que facilitaría a los ciudadanos seleccionados la información y el asesoramiento que necesitasen. Además, esta cámara podría requerir de los diversos departamentos gubernamentales la información que estimase pertinente para el ejercicio de sus funciones. A ello se añadiría la posibilidad de que pudiese requerir la comparecencia de ciudadanos y representantes de organizaciones y entidades públicas o privadas para que expusieran sus puntos de vista sobre las cuestiones que fuesen de interés de la cámara.
Ahora imaginemos aún más. Figurémonos que esta innovación institucional no solo se establece como una nueva cámara para-parlamentaria junto a las existentes a nivel estatal, sino que se crean otras para cada distrito, cada municipio, cada comarca, provincia y comunidad autónoma. Dentro de las administraciones más complejas (grandes municipios, administraciones autonómicas y estatal) se podrían crear órganos análogos en cada departamento (concejalías, consejerías, ministerios) que participarían de modo preceptivo en los procesos de decisión correspondientes.
El lector que me haya seguido hasta este punto quizás piense que esta propuesta de innovación institucional carece de novedad o de interés o que no es realizable o cabe que piense incluso que resulta contraria a los principios propios de un régimen democrático.
| kleroterion: mecanismo usado en Atenas para el sorteo |
El sorteo como mecanismo democrático en el debate y la práctica actuales.
Puede afirmarse que la inmensa mayoría de las aportaciones teóricas contemporáneas en relación con la democracia ignora la posibilidad de emplear el sorteo (7) y de crear órganos como el descrito (8). Un repaso de la bibliografía (9) más conocida y de los programas universitarios docentes especializados en teorías de la democracia nos indica que en ese terreno la ciencia política actual se sigue centrando en el conocido debate entre la democracia representativa, y sus posibles mejoras (listas abiertas y no bloqueadas, mandato imperativo, etc.), y la democracia directa (iniciativa legislativa popular, referenda, recall, etc.) y participativa (cogestión, asambleas populares, presupuestos participativos). Asimismo, ocupan un papel destacado las discusiones relativas a la democracia discursiva o deliberativa (10), que destaca la relevancia del proceso de toma de decisiones y el efecto de discusiones racionales (o no) entre los intervinientes en el mismo, yendo desde aproximaciones de sesgo altamente normativo (11) hasta descripciones y experiencias empíricas (12).
Tampoco puede decirse que las aportaciones teóricas recientes desde la izquierda hayan abordado el sorteo como posible elemento transformador de la democracia política o institucional (13). Dichas contribuciones no parece que en general vayan más allá de críticas de lo existente (14) y de variantes de los debates anteriormente citados sobre las diversas formas de democracia (15). En esta línea, se ha propuesto desde estas posiciones, para el corto plazo, dar un impulso a elementos de democracia directa, de democracia participativa y democracia deliberativa, planteados como complementos o correctivos a la democracia representativa. En las versiones más radicales o más a largo plazo se han propugnado visiones borrosas de realizaciones de la llamada democracia real en una sociedad socialista (como la asociación libre de productores) y de las fases de transición (la dictadura del proletariado) hacia la misma, caracterizadas unas veces por estar dominadas por la dirección del “partido” (Lenin), por suponer una dictadura de clase y excluir a elementos burgueses (Rosa Luxemburgo en La Revolución Rusa) o por sustituir la democracia representativa por estructuras consejistas (16) (Marx en La Guerra Civil en Francia).
No es este el lugar para entrar a debatir posibles escenarios que presupongan un cambio radical con la situación actual ni de valorar los pros y los contras de propuestas de profundización democrática consistentes en otros elementos de democracia directa, participativa o deliberativa. Al contrario, quisiera situar mi planteamiento en el momento presente de las sociedades occidentales europeas y centrarme en las posibles bondades y en los problemas que podrían derivarse de la constitución de “cámaras sorteadas”. En este sentido, creo que dichas cámaras pueden suponer un complemento y correctivo de especial interés respecto del funcionamiento del aparato político-administrativo actual, y, en particular, del papel excesivamente dominante de los partidos políticos (17). Por tanto, ésta no debe considerarse como una propuesta excluyente de otras medidas de democratización a corto, medio o largo plazo.
Únicamente me atrevería a comentar que incluso allí donde se han implementado en mayor medida elementos de democracia directa y participativa como correctores de la democracia representativa (véanse, como ejemplos, los casos de Suiza o de EEUU a nivel estatal), si bien pueden considerarse que constituyen avances en minorar el dominio de los partidos políticos, no han supuesto a mi modo de ver un cambio cualitativo que modifique sustancialmente su hegemonía, compartida con otros intereses organizados (18). En cuanto a las propuestas de democracia deliberativa creo que, con carácter general, presentan serias debilidades prácticas. Así, parte de ellas contienen una sustancial componente normativa que parece exigir una previa igualación de posibilidades de intervención para el conjunto de los ciudadanos y sus organizaciones (véase, por ejemplo, Habermas (19)) que es inconciliable con el momento actual de las sociedades occidentales, caracterizado por grandes asimetrías en la distribución del poder, por lo que su operatividad requeriría realizar primero un cambio revolucionario. Por otro lado, estos enfoques parten a veces de un tipo de ciudadano (racional, activo, altamente informado y con elevadas posibilidades y deseos de dedicar tiempo al debate y deliberación sobre asuntos públicos) excesivamente alejado de la realidad actual del ciudadano medio. No obstante, el trabajo teórico y las experiencias prácticas desarrollados desde el enfoque deliberativo pueden ser muy útiles a la hora de diseñar procedimientos de debate y de adopción de decisiones óptimos que podrían aplicarse al funcionamiento de las cámaras sorteadas.
Los contados autores contemporáneos “consagrados” (20) que sí barajan el empleo del sorteo como mejora democrática no suelen pasar de recordar el ejemplo ateniense, de invocar el sorteo como mecanismo alternativo o de esbozar en ocasiones su posible configuración (Ranciére (21), Barber (22), Dahl (23) o, en el ámbito español, Capella (24)).
También existen aproximaciones literarias al uso del sorteo en el funcionamiento de sociedades imaginarias (Borges, Chesterton y otros (25)), así como un creciente número de propuestas minoritarias de sesgo generalmente utopista (26), entre otras, las de John Burnheim (disponible libremente en http://setis.library.usyd.edu.au/democracy/), de Barbara Goodwin (27), de Yves Sintomer (28) o la del llamado Mouvement Clérocratique de France (MCF) (http://www.clerocratie.com/index.php?page=20&lg=3), inspirado en las obras de François Amanrich y Roger de Sizif (29). Estas portaciones presentan como rasgo en común la propuesta de diferentes modelos de sustitución total o parcial del aparato político-administrativo actual por magistrados seleccionados mediante sorteo.
Por su parte, las experiencias o propuestas prácticas de participación política contemporáneas basadas en el sorteo también son limitadas, siendo destacable y probablemente revelador su falta de predicamento entre los partidos políticos establecidos (30). De hecho, más allá del ejercicio de funciones administrativas (mesas electorales) o de participación en determinados procesos judiciales (tribunal del jurado) y del programa televisivo mencionado al inicio, las aplicaciones reales se han centrado en la creación de grupos ciudadanos para el estudio de asuntos concretos (31). Creo que pese al carácter limitado de estas experiencias las mismas permiten que seamos optimistas en cuanto a la factibilidad de este tipo de mecanismos y a la posibilidad de extender su aplicación a niveles de mayor impacto político.
Una interesante aportación en el ámbito español, tanto por su argumentación teórica como por su contenido práctico, y que ha sugerido mucho de lo que se dice en este artículo, es la constituida por la planteada en el texto La democracia realmente existente, cuya autoría se atribuye al colectivo editorial de la revista Cuadernos del Sureste. Dicho artículo plantea rescatar elementos de la democracia ateniense y combinarlos con el sistema actual para dar nacimiento a una nueva forma de democracia mixta (32), presentando una propuesta de modelo de gobierno para el Cabildo de Lanzarote que contendría un número igual de representantes seleccionados mediante elecciones y por sorteo.
Apuntes sobre posibles causas de la parquedad de propuestas de este tipo.
¿A qué puede deberse esta parquedad de propuestas teóricas y experiencias prácticas (si dejamos de lado la opción siempre existente de que esta propuesta sea, después de todo, absurda)?
Probablemente, pueda explicarse en buena medida por la hegemonía teórica y política de la práctica identificación, desde la época de las revoluciones inglesa, francesa y estadounidense (33), entre la idea de democracia y el sistema de elección. De hecho, como destaca Bernard Manin, los sistemas representativos actuales creados desde la revolución inglesa de 1688 no nacen ni se denominan inicialmente como “democracias”, sino que surgen como sistemas mixtos de gobierno que tratan de evitar los supuestos desmanes y debilidades de las democracias de la antigüedad. En estos regímenes representativos iniciales el consentimiento de los gobernados (es decir, originalmente de los hombres que cumplían con determinados requisitos de propiedad y de raza) constituye el elemento central, primando sobre la primigenia concepción de democracia como autogobierno (34). El olvido del sorteo estaría, por tanto, vinculado a una línea de pensamiento, mantenida desde Platón por los críticos del pueblo, de que es mejor delegar los asuntos públicos en élites que se vayan sucediendo en el gobierno y desconfiar de nuestros conciudadanos para esa función.
Posteriormente, como sabemos, el sufragio se extiende a la práctica totalidad de la población mayor de edad como consecuencia principalmente de las luchas obreras y feministas. Este proceso está ligado históricamente al fenómeno del creciente predominio de los partidos políticos (35) en la función de organizar y dar expresión a los diferentes intereses (entre otros, de clase, posición social y cultural) en que necesariamente están divididas las poblaciones de las sociedades complejas. En este transcurso histórico, los partidos políticos pasan a estatalizarse progresivamente (mientras se alejan de la sociedad (36)) y a monopolizar crecientemente el ámbito político y con ello la función de seleccionar el personal de las cúpulas políticoadministrativas(teniendo en consideración los intereses de las demás estructuras de poder relevantes: poderes supraestatales públicos y privados, poder económico, medios de comunicación de masas, aparato militar, agentes sociales, etc.)(37). Este papel dominante de los partidos políticos ha llevado a que la ciencia política contemporánea describa los sistemas políticos occidentales como “democracia de partidos”, “estado de partidos” (Leibholz) o más recientemente como sistema de “cártel de partidos” (Katzy Mair (38)).
Al final de este desarrollo histórico podemos decir que la elección, como mecanismo de selección del personal político, se ha convertido en un fetiche (39) que da la apariencia de decisión autónoma por el ciudadano, cuando en realidad se circunscribe a un espectro de ofertas muy limitado determinado por otros -del mismo modo que en un mercado de competencia imperfecta- (40). Este culto al fetiche de las elecciones lleva probablemente a que cuasi-instintivamente nos resulte “repugnante” la selección por sorteo. Quizás esta repugnancia o este miedo a pensar lo “impensable” (41) puedan explicar que incluso quiénes planteen la conveniencia de repensar el empleo del sorteo no vayan en general más allá de tímidos apuntes o esbozos.
Sin embargo, el vínculo actual entre democracia y elección (y partidos políticos) resulta bastante paradójico si consideramos que en su origen histórico la democracia estuvo vinculada al sorteo. De hecho, los atenienses tuvieron muy claro que en la medida en que no pudiesen actuar a través de la ekklesia (asamblea ciudadana), cosa que sucedía para infinidad de asuntos por obvias razones espaciales y temporales, su autogobierno (42) (su democracia) debía basarse en una aplicación muy sofisticada del azar. Ello se debió a que comprendieron que el sorteo parte de la igualdad de los ciudadanos para el ejercicio de las funciones públicas, mientras que la elección constituye un sistema aristocrático de selección de los magistrados. Así, la elección quedaba confinada en la época de Pericles (43) a un número limitado de funciones para las que se consideraba necesario un conocimiento técnico especializado. Sin embargo, como decíamos, hoy en día identificamos con toda naturalidad democracia con elecciones, estando éstas completamente mediadas por los partidos políticos.
| Ostrakon |
Ventajas y problemas de las cámaras sorteadas.
No pretendo que el empleo del sorteo y el establecimiento de unas “cámaras sorteadas” puedan erigirse en la gran palanca que permita transformar radicalmente el sistema político actual ni tampoco quiero rescatar del baúl de la historia las instituciones sorteadas creadas por los atenienses clásicos. Nada más lejos de eso. Como he indicado, se trata de una propuesta de alcance limitado, pensada para ser realizable en el corto plazo (al menos como experiencia piloto en niveles locales) y que pretende mejorar la calidad de las democracias representativas actualmente existentes en un proceso de democratización inacabado e inacabable.
Lo anterior no quita que piense que esta innovación institucional encierra un potencial especial en este camino de ensayo y error que es la realidad democrática. Baso esta esperanza, desde un punto de vista comparativo, en que el empleo del azar como medio de selección (unido al establecimiento de mandatos breves y a la colegialidad) es capaz de sortear muchos de los problemas que aquejan a las instituciones democráticas actuales derivados del dominio excesivo de los partidos políticos. Ello se debe a que en la constitución de las cámaras sorteadas se evitaría la mediación de las estructuras de poder establecidas (en especial, de los partidos políticos), limitándose así las posibilidades de colonización o cooptación de dichas cámaras por tales poderes. De este modo, creo que puede limitarse la posición dominante actual de los partidos en el terreno político sin perderse por ello sus contribuciones valiosas a esta esfera como vertebradores de la opinión pública y seleccionadores de personal político profesional.
Si entramos en un mayor detalle y atendemos a las perspectivas directa/participativa, representativa y deliberativa de la democracia considero que las cámaras sorteadas pueden realizar una serie de contribuciones valiosas para una mejor calidad democrática de nuestras instituciones.
En primer lugar, con esta propuesta se avanzaría en una mayor participación e implicación directa (democracia directa y participativa) de partes significativas de la ciudadanía en los asuntos políticos. Dependiendo del grado de implantación de las cámaras sorteadas éstas podrían afectar anualmente a miles o decenas de miles de ciudadanos de manera directa. Ello constituiría seguramente una interesante experiencia de formación democrática para los ciudadanos participantes y tendría probablemente repercusión sobre la actitud del resto de la población, que vería a sus semejantes (familiares, amigos, conocidos o simplemente a otros conciudadanos “corrientes”) participar directamente en el proceso político dentro de un sistema de sorteo que en todo momento podría encomendarles la misma función a ellos mismos44. No cabe duda que para conseguir esta repercusión social sería preciso prever que los medios de comunicación, al menos los de titularidad pública, diesen una cobertura a la actividad de las cámaras sorteadas que fuera equivalente a la conferida a las instituciones electivas.
No obstante, el objetivo de esta innovación institucional no sería tan solo ni principalmente el de incrementar la participación política de la ciudadanía. A este respecto, debe tenerse en cuenta que no parece posible que se pudiera realizar en puridad el principio enunciado por Aristóteles de que todos gobiernen y sean gobernados alternativamente o por turno, pues el papel de estas “cámaras sorteadas” sería limitado y además las probabilidades estadísticas de llegar a ser seleccionado para una de las diversas “cámaras sorteadas” serían muy restringidas. A mi juicio, el objetivo principal y la fundamental ventaja o bondad de las cámaras sorteadas consistiría en mejorar la calidad del sistema representativo, pensado como un sistema de poderes y contrapoderes (checks and balances), al crear un nuevo órgano de representación de la ciudadanía. En este sentido, el diferente método de selección (sorteo en vez de elección), al implantar la posibilidad de que “gobierne cualquiera” (Rancière) –o al menos de que “cualquiera” participe en el gobierno- crearía una nueva fuente, en este caso estadística, de representación de la ciudadanía (que se uniría a las actuales que, en sistemas federales o cuasi federales, representan a la población y al territorio, en ambos casos, por mediación de los partidos políticos). Así, se abriría una brecha en la barrera entre profesionales y profanos de la política, y se promovería la “intrusión” de legos y de intereses ciudadanos no organizados ni actualmente representados en el campo acotado a los políticos, resquebrajando su monopolio en este terreno de juego (45). En definitiva, se podría limitar la influencia excesiva de los partidos y de las demás estructuras de poder predominantes, facilitada por el sistema de elección, constituyendo un contrapoder institucionalizado e independiente de los mismos pero legitimado democráticamente que ayudaría a resolver al menos parcialmente el problema de Quis custodiet ipsos custodes? (quién vigila a los vigilantes)(46) en relación con los detentadores actuales del poder y, en especial, del estamento político.
Desde el punto de vista deliberativo de la democracia, la existencia de instituciones de este tipo puede enriquecer el debate político recuperando la “perdida” función deliberativa de las cámaras representativas (47). Este objetivo podría alcanzarse gracias a que los participantes en las cámaras sorteadas, a diferencia de los representantes políticos actuales, no estarían sometidos a las reglas de juego existentes en el campo de la política y, en consecuencia, carecerían de mandatos dictados meramente por intereses partidistas para negociar u obstaculizar la adopción de decisiones. Por otra parte, tampoco partirían de posturas excesivamente predeterminadas más allá de sus opiniones personales iniciales (48). Asimismo, se democratizaría la función de agenda setting (determinar qué temas son objeto de debate político), ahora prácticamente monopolizada por los partidos y los demás poderes establecidos, y, en consecuencia, se dificultaría la posibilidad de establecer “pactos de silencio” sobre determinados asuntos políticos (por citar algunos: financiación política, sistema electoral, jefatura del estado).
Por otro lado, también creo que esta propuesta tiene un especial interés en comparación con los principales mecanismos de democracia directa manejados hasta ahora. Por un lado, frente al referéndum, la iniciativa legislativa popular o el recall, las cámaras sorteadas no se verían expuestas de la misma manera a la posición de privilegio de los intereses organizados(en la convocatoria, organización, propaganda, discusión o bloqueo de estas iniciativas). Por otro lado, en relación con las propuestas de asambleas ciudadanas o sistemas de auto- o co-gestión, las cámaras sorteadas no contarían con las limitaciones de escala inherentes a los mecanismos asamblearios (que a su vez conducen a la necesidad de delegación para escalas mayores y de nuevo a los problemas propios del sistema representativo). Dichas cámaras tampoco compartirían la debilidad de los mencionados instrumentos de democracia directa frente a su potencial manipulación por intereses organizados (ya sea un partido, una multinacional, un grupo organizado y/o financiado por terceros, etc) ni se verían limitadas por la preponderancia de activistas y militantes (que siempre constituyen una pequeña minoría frente a otros ciudadanos con menor formación, motivación o posibilidades de dedicación temporal)(49).
La institucionalización del sorteo presenta además ventajas sobre las iniciativas de democratización interna de los partidos políticos, impulsadas con limitado éxito por partidos de la izquierda y del movimiento verde desde hace años, pero que se ven fuertemente condicionadas por el terreno de juego asimétrico en el que se desarrolla la política electoral, que prácticamente exige como precio a pagar por el éxito en elecciones el establecimiento de un funcionamiento contrario a dichos esfuerzos de democratización interna (liderazgo “fuerte”, unidad de discurso y negación de disidencias, predominio del político profesional, etc.).
Obviamente el sorteo y las “cámaras sorteadas” presentan una serie de posibles problemas importantes.
Los argumentos clásicos esgrimidos en contra de la democracia directa(y, con ello, en contra de que el pueblo raso ejerza el poder) y a favor del sistema representativo, relevantes a efectos de este artículo (50), son esencialmente el argumento de la capacitación, es decir, que mediante la elección se designa a los mejores (más sabios, más inteligentes, más experimentados etc.), y el argumento de la escala, es decir, que es necesario elegir a un grupo pequeño que represente al resto que por razones materiales y temporales serían incapaces de participar a la vez y que el grupo de escogidos hallará mejor el interés verdadero del país (51).
En relación con el argumento de la capacitación (pues creo que podemos dejar de lado sin más los argumentos relativos a la supuesta especial sabiduría o virtud de los políticos profesionales y al interés “verdadero” del país) podemos de hecho esperar que los ciudadanos elegidos por sorteo normalmente contarán con niveles de formación académica menos elevados que los actuales representantes políticos. No obstante, cabe argüir que en las sociedades occidentales contemporáneas partimos de unos niveles de educación relativamente elevados y que no existen evidencias ni argumentos de índole democrática claros que impliquen que un nivel de formación académico inferior suponga necesariamente un menoscabo o un impedimento en la deliberación y decisión sobre cuestiones de interés público. En realidad el representante político imperante es esencialmente un experto en la política partidista, es decir, en su supervivencia dentro y fuera del partido y en el éxito de su partido en el objetivo de alcanzar cuotas de poder institucional. Sin embargo, esta expertise del político profesional o, como dice Bourdieu, esta “competencia específica” (52) afortunadamente no sería necesaria para los ciudadanos seleccionados para formar parte de una cámara sorteada. En segundo lugar, en relación con el argumento de la escala, ya hemos visto que la propuesta que tratamos aquí de difundir no pretende lograr la participación de todos los ciudadanos en una megaasamblea, sino la creación de un número limitado de instituciones compuestas por cualquier ciudadano que actúen como check and balance respecto de los poderes actualmente predominantes.
Un problema más importante puede ser el de la responsabilidad o control de las “cámaras sorteadas” y de sus integrantes y el relacionado con los incentivos que tendrían que tener para desarrollar una actuación mínimamente aceptable. En el caso de estas cámaras decaerá el incentivo que tienen los políticos “elegidos” consistente en ser reelegidos y mantener o progresar en su carrera política, que en la mayor parte de países de nuestro entorno depende principalmente de la dirección de su partido político e indirectamente del control ejercido, en su caso, por los medios de comunicación (“opinión pública”) o por el voto del electorado (en el caso de los políticos “designados” por los partidos directamente la influencia del voto decae o es a lo sumo indirecta). Si echamos la vista atrás vemos que en Atenas, aparte de controles morales y sociales dictados por su ética ciudadana, existían controles institucionalizados para los magistrados seleccionados por sorteo, tanto antes de la toma de posesión del cargo (dokimasie (53)), y al finalizar el mismo, como durante el desempeño del mismo, residiendo en última instancia el control en la ekklesia y en los tribunales (compuestos a su vez por ciudadanos elegidos por sorteo). Hoy en día no cabe el control por parte del conjunto de los ciudadanos reunidos en asamblea, pero nada impediría que se establecieran controles antes, durante y después del período de ejercicio de los miembros de las cámaras sorteadas (54). A fin de no reintroducir el control de los partidos políticos por la puerta de atrás, este control negativo debería ser ejercido por otro cuerpo sorteado o, en su defecto, por los jueces y tribunales (quizás, precisamente, por jurados populares), de acuerdo con un conjunto de reglas, sometidas al mayor debate ciudadano y que podrían someterse a su refrendo por el conjunto de la población, que estableciese los mínimos de desempeño y conducta esperables (las sanciones por incumplimientos podrían ir desde la privación de salarios percibidos hasta la imposición de penas de cárcel en casos de corrupción, tráfico de influencias, etc.)(55).
Probablemente sea en el terreno de los incentivos positivos donde se puedan plantear más dudas. En efecto, si bien los controles negativos antes enunciados pueden evitar actuaciones gravemente irregulares, sigue pendiente determinar cuál sería el estímulo positivo para que los ciudadanos fueran participativos y se esforzaran en el ejercicio de sus funciones. Como veíamos antes, a diferencia de los políticos profesionales, los ciudadanos seleccionados no tendrían el afán de progresar en su carrera política como aliciente para desempeñar correctamente su papel. A este respecto, y descartando de antemano transformaciones espontáneas de los ciudadanos actuales en ideales de virtud y participación públicas, creo que podemos contar, no obstante, con algunos elementos que podrían servir de alicientes. En primer lugar, los ciudadanos seleccionados dispondrían de una retribución económica que percibirían por participar con la correlativa amenaza de perderla en caso de conducta inadecuada. En segundo lugar, podemos asumir que la atribución de poderes a las cámaras representativas(no decisorios, pero sí de intervención preceptiva y de influencia en el proceso político) y su consecuente relevancia pública generarían en dichas cámaras, como en cualquier otra organización, una natural dinámica de justificación de su existencia y de mantenimiento y expansión de sus funciones. Con ello, se generarían probablemente dinámicas internas en las citadas cámaras para plantear posturas propias y bien fundamentadas. Esas dinámicas internas pueden suponer en el plano más personal un estímulo para la mayoría de los seleccionados de desarrollar una conducta responsable en el desempeño de sus cargos. Es también previsible que las citadas dinámicas lleguen a fomentar liderazgos no institucionalizados por parte de los miembros más activos de las cámaras que asumirían un papel de iniciativa en su seno. Estas actitudes ambiciosas estarían a su vez controladas frente a excesos al no existir, en principio, perspectivas de iniciar una carrera política profesional una vez finalizado el mandato anual. Finalmente, en el diseño de los procedimientos de organización y funcionamiento interno de las cámaras puede promoverse la creación de incentivos positivos para la participación activa y equilibrada de la generalidad de sus miembros, entre otros, mediante la institución de mecanismos de rotación en cargos internos (poniendo coto a liderazgos espontáneos), la creación de comisiones específicas o la atribución de responsabilidades concretas a subgrupos de integrantes.
Puede también plantearse como problema que la adición de un nuevo elemento institucional en el complejo entramado institucional vigente podría conllevar mayores ineficiencias en el funcionamiento del aparato políticoadministrativo. En relación con este punto, estimo que un inteligente diseño procedimental junto a la limitación de funciones anteriormente expuesta puede evitar este tipo de problemas y conjugar adecuadamente la eficiencia en la toma de decisiones con un máximo de deliberación en su proceso de adopción.
Otra cuestión problemática sería la de la posible influencia excesiva de los expertos (expertos asesores de las cámaras sorteadas y expertos de las instituciones públicas) sobre los miembros de las cámaras sorteadas por su mayor conocimiento de los asuntos, control de la información relevante y experiencia. Creo que este argumento es en buena medida extrapolable a los políticos actuales, que no suelen ser expertos en los ámbitos que gestionan, por lo que no supondría una gran novedad. Una vía para que las consecuencias de este problema puedan ser controladas en la práctica sería la consistente en asegurar la obtención de opinión e información de todas las partes interesadas en cada asunto y de expertos independientes a las mismas como paso previo a una deliberación por parte de la cámara sorteada (56).
Finalmente, entre los argumentos que podrán ser esgrimidos en contra de considerar esta propuesta están los obstáculos jurídico-constitucionales que deberían superarse para su adopción en España. En este sentido, no se me oculta que una plena aplicación del modelo de cámaras sorteadas(atribuyéndoles todas las funciones expuestas al principio de este texto), especialmente en el nivel estatal y autonómico, requeriría una previa modificación de normas especialmente rígidas como son la Constitución de 1978 y los estatutos de autonomía. Sin embargo, no creo que fuese necesario ni probablemente deseable concentrar todas las energías en cambios de dicho calado en un primer momento. De hecho, no sería descabellado pensar que un primer paso se diese con la constitución de cámaras sorteadas de carácter consultivo (análogas en funciones y rango al consejo de estado y a los consejos consultivos autonómicos), para cuya creación serían suficientes leyes ordinarias que, al menos en el ámbito del estado, podrían promoverse mediante iniciativas legislativas populares. La creación de cámaras sorteadas más específicas vinculadas a departamentos ministeriales o consejerías podría instrumentarse, asimismo, por esa vía de ley ordinaria. Otra vía factible, sobre todo para abrir inicialmente camino, sería la de constituir cámaras sorteadas como experiencias piloto (por ejemplo en el nivel municipal) sobre la base del compromiso político del partido o partidos gobernantes correspondientes de respetar y tomar en consideración las opiniones que expresasen tales cámaras.
Por último, y desde un punto de vista práctico, una propuesta de este tipo, caso de obtener un mínimo respaldo, encontraría lógicamente su principal escollo en quiénes actualmente monopolizan el campo de juego político y las funciones que habrían de compartir con las “cámaras sorteadas”: los partidos políticos existentes y demás estructuras de poder interesadas en mantener el statu quo.
A modo de conclusión.
Este breve artículo no pretende más que desarrollar ideas apuntadas por otros y ante todo lanzar un debate que puede resultar interesante para contribuir a imaginar e inventar (57) instituciones que nos ayuden a profundizar en la democratización de nuestro sistema político. En este sentido, desearía que el texto antecedente sirviera de invitación a debatir la conveniencia de explorar el mecanismo del sorteo y de las cámaras sorteadas que tal y como he tratado de exponer son factibles y presentan interesantes ventajas desde el punto de vista representativo, participativo y deliberativo de la democracia. De este debate sería posible extraer una reflexión más madurada que, en su caso, podría constituir un punto de partida que inspirase el lanzamiento experiencias piloto de cámaras sorteadas (a nivel municipal, de distrito o dentro de las propias fuerzas políticas) que puedan abrir nuevos caminos de democratización.
Jorge Cancio
Miembro del Grupo de Estudios Críticos – La Undécima Tesis. Parte de las ideas de este artículo fuerondebatidas en el seno del Grupo en 2005 y 2006 - agradezco una vez más los comentarios, críticas y propuestas de mis compañeros y, en especial, la paciencia y sugerencias de Laura, Diego, Javier, Germán, Paz, Nicolás, Mario, Eduardo, Henar y Juan. También quiero agradecer las acertadas críticas de Juan- Ramón Capella a un primer borrador de este texto, así como los comentarios recibidos de Antoine Vergne. Las direcciones web citadas en este artículo han sido visitadas en septiembre de 2009. Versión impresa de este artículo publicada en la revista mientras tanto, número 112, otoño 2009.
jorge.cancio@gmail.com
1 Se trata del exitoso programa Tengo una pregunta para usted emitido por Televisión Española en diferentes intervalos desde 2007. Más información en http://es.wikipedia.org/wiki/Tengo_una_pregunta_para_usted.
2 La propuesta que sigue comparte varios elementos con las planteadas por Benjamin Barber, Robert A. Dahl y el colectivo editorial de Cuadernos del Sureste, citadas y referenciadas más abajo.
3 En estudios de mercado o de opinión suele considerarse que una muestra de unas 2000 personas es altamente representativa de la población española mayor de 16 años. Por otra parte, como recuerda Robert A. Dahl, 600 suele ser el número máximo de miembros de una cámara legislativa para que pueda ser mínimamente operativa. Por otro lado, y siguiendo el ejemplo ateniense de la Boulé (el “consejo de los 500”), podrían establecerse turnos para distribuir la carga de trabajo entre los miembros de la cámara sorteada de modo que la dedicación necesaria por cada miembro individual sería menor, sin perjuicio de mantener a todos puntualmente informados y con posibilidades de participar mediante la utilización de tecnologías de la información y la comunicación.
4 Existen argumentos a favor de la voluntariedad (principalmente, que se limitaría la participación a quiénes estuviesen interesados en ello), pero a mi juicio no compensan las desventajas que se derivarían necesariamente de ella para la representatividad del conjunto de ciudadanos seleccionados respecto de la población representada.
5 Véanse como ejemplo de garantías de este tipo el artículo 7.2 de la Ley Orgánica 5/1995 del tribunal del jurado.
6 También puede servir de inspiración la regulación contenida para los integrantes del tribunal del jurado en los artículos 8 a 12 de la Ley Orgánica 5/1995 del tribunal del jurado.
7 Cfr. Bernard Manin, The Principles of Representative Government, Cambridge University Press, New York, 1997, p. 9: “[…] the political use of lot is virtually never thought about today.” Sin embargo, Antoine Vergne considera que puede identificarse una incipiente escuela que propugna el uso del sorteo para la mejora de la democracia (escuela que denomina “clerist school of thinking”, por “kleros” sorteo en griego), cfr. Antoine Vergne, “Is the Age of Sortition upon Us? A Bibliography with comments on Random Selection in Politics”, en Delannoi Gil, Oliver Dowlen, and Antoine Vergne (editores), Sortition in Theory and Practice. Imprint Academic, de próxima publicación.
8 Cfr., entre otros, el manual “estándar” de David Held, Models of Democracy, segunda edición, Stanford University Press, Stanford California, 1996, que hace únicamente una somera referencia a los voters’ juries, o, como muestra sociológica, el contenido de la entrada “democracia” en la versión española de wikipedia en la que se obvia por completo el mecanismo del sorteo, http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia. Profundizando la búsqueda se halla una brevísima referencia a la demarquía propuesta por John Burnheim en la siguiente entrada http://es.wikipedia.org/wiki/Demarqu%C3%ADa que, sin embargo, cuenta con un contenido mucho más extenso en las versiones alemana e inglesa de wikipedia en las que, junto a la obra de Burnheim, se comentan los trabajos teóricos y prácticos de otros autores. La entrada más completa sobre esta materia en wikipedia puede encontrarse en la versión inglesa bajo el concepto “sortition” http://en.wikipedia.org/wiki/Sortition.
9 Puede tomarse como referencia la entrada “Demokratie” en Dieter Nohlen, Kleines Lexikon der Politik, segunda edición, Verlag C. H. Beck, Munich, 2002.
10 Cfr., entre otros, Jon Elster (editor), Deliberative Democracy, Cambridge University Press, Cambridge, 1998.
11 Vid. como muestra de este cariz normative la definición de Elster, op. cit, p. 1, “The idea of deliberative democracy, or decision making by discussion among free and equal citizens, is having a revival.” (las cursivas son mías).
12 Cfr. una descripción reciente de estos debates en Juan Carlos Velasco Arroyo, “Acerca de la democracia deliberativa. Fundamentos teóricos y propuestas prácticas”, Asamblea – Revista Parlamentaria de la Asamblea de Madrid, nº 9, diciembre 2003. Servicio de publicaciones Asamblea de Madrid.
13 No quiero entrar aquí en otros ámbitos de debate como la democracia social, económica o industrial. A este respecto, por ejemplo, puede verse Albert Recio, “Dimensiones de la democracia económica”, mientras tanto, número 79, 2001, pp. 19-40.
14 Desde Karl Marx hasta Juan-Ramón Capella, pasando por Ralph Miliband, C.W. Mills o Herbert Marcuse.
15 Umberto Cerroni, en Problemas de transición al socialismo, Crítica, Barcelona, 1979 y Perry Anderson, en Reflexiones sobre el marxismo occidental, 7ª edición, Siglo XXI editores, Madrid,1987, señalaron en su día respectivamente la “ausencia de una teoría marxista del estado” y como cuestión pendiente de la izquierda “las formas institucionales de la democracia socialista en occidente”. Por su parte los programas políticos de Izquierda Unida –por poner como ejemplo la fuerza política de la izquierda transformadora más relevante en España- (p.e., el de la VI Asamblea de 2000) han incluido como medidas de “profundización democrática” la iniciativa legislativa popular, el control de los servicios públicos, la reforma de la legislación electoral, el impulso de presupuestos participativos y el incremento de competencias de las corporaciones locales. Cabe señalar que no se detecta una gran variación entre las mencionadas medidas y las propuestas debatidas durante la transición española, cfr. VV.AA., Vías democráticas al socialismo, Editorial Ayuso, Madrid, 1980, passim.
16 El sistema consejista descrito por Marx en la La Guerra Civil en Francia ha sido objeto de numerosos desarrollos teóricos e incluso intentos de aplicación práctica por parte de la izquierda, cfr. Laurent Tschudi, Kritische Grundlegung der Idee der direkten Rätedemokratie im Marxismos, editorial desconocida, 1952, o U. Bermbach (editor), Theorie und Praxis der direkten Demokratie, Westdeutscher Verlag, Opladen, 1973.
17 Un valioso análisis reciente del papel de los partidos políticos se encuentra en Juan-Ramón Capella, Entrada en la barbarie, Editorial Trotta, Madrid, 2007, en especial en las pp. 170 y ss. Asimismo, es muy iluminador el análisis del “campo político” contenido en Pierre Bourdieu, Propos sur le champ politique, Presses Universitaires de Lyon, Lyon, 2000, passim. Me remito a estos y otros análisis en relación con el papel dominante de los partidos en el campo político que presenta variaciones de grado según los territorios que se consideren. En España podemos hablar de un sistema de dominio de los partidos refrendado constitucionalmente y de un bipartidismo imperfecto promovido por el régimen electoral establecido por sus principales beneficiarios (los partidos mayoritarios nacionales y los partidos nacionalistas o regionalistas), cfr. Juan-Ramón Capella (Ed), Las sombras del sistema constitucional español, Editorial Trotta, Madrid, 2003, pp. 107-149 (contribuciones de Luis Ramiro y Gerardo Pisarello) o Arend Liphart, Patterns of democracy. Government Forms and Performance in Thirty-Six Countries,Yale University Press, New Haven, 1999, p. 303.
18 Cfr., en este sentido, Thomas E. Cronin, Direct Democracy. The Politics of Initiative, Referendum and Recall, Harvard University Press, Cambridge, 1989, p. 5 “And although the direct democracy devices of the initiative, referendum, and recall type are widely available, the evidence suggests it is generally the organized interests that can afford to put them to use.”
19 Cfr. Jürgen Habermas, Die Einbeziehung des Anderen. Studien zur politischen Theorie, Suhrkamp, Frankfurt, 1999, pp. 285-292, en las que expone su modelo normativo de “política deliberativa”.
20 Resulta siempre difícil y arriesgado establecer el punto divisorio entre autores “conocidos”, “consagrados” o del mainstream y autores “minoritarios”; a efectos de este artículo me he guiado para ello grosso modo por su aceptación tanto académica (reflejada en citas y menciones por otros autores y en diccionarios de ciencia política) como social (por su volumen de menciones en buscadores de Internet y enciclopedias libres como wikipedia).
21 Cfr. Jacques Rancière, El odio a la democracia, Amorrortu, Buenos Aires, 2006, pp. 64 y siguientes.
22 Benjamin Barber, Strong Democracy.Participatory Politics for a New Age, University of California Press, Berkeley, 2003, pp. 290-293. Barber considera apropiado aplicar el sorteo a asambleas locales“[…] where the lot system could select delegates to regional representative assemblies such as representative town meetings or neighbourhood assembly congresses at the district or state level.” También sugiere que se elijan por sorteo “[…] a limited number of statewide delegates to state legislative assemblies”. El segundo ámbito donde cree que funcionaría el sorteo es “[…] the filling of local offices where special knowledge or expertise is not required.”
23 Cfr. Robert A. Dahl, After the revolution?, Yale University Press, New Haven, 1970, pp. 149-153 y Robert A. Dahl, Democracy and its critics, Yale University Press, New Haven, 1989, pp. 340 y ss. En Democracy and its critics, Dahl plantea su idea de creación de un minipopulus que describe como sigue: “[…] consisting of perhaps a thousand citizens randomly selected out of the entire demos. Its task would be to deliberate, for a year perhaps, on an issue and then to announce its choices. The members of a minipopulus could “meet” by telecommunications. One minipopulus could decide on the agenda of issues, while another might concern itself with a major issue. Thus one minipopulus could exist for each major issue on the agenda. A minipopulus could exist at any level of government –national, state, or local. It could be attended –again by telecommunications- by an advisory committee of scholars and specialists and by an administrative staff. It could hold hearings, commission research, and engage in debate and discussion.” En After the revolution? este mismo autor propone: “[…] that we seriously consider restoring that ancient democratic device and use it for selecting advisory councils to every elected official of the giant polyarchy – mayors of large cities, state governors, members of the U.S. House and Senate, and even the president.” Kevin O’Leary, que estudió con Dahl, desarrolla las anteriores ideas en su reciente Saving Democracy: A Plan for Real Representation in America, Stanford Law Books, Stanford, 2006. O’Leary plantea que en una primera fase se cree una asamblea de 100 ciudadanos elegidos por sorteo en cada una de las 435 circunscripciones de diputados de la Cámara de Representantes que deliberarían y emitirían opiniones sobre asuntos políticos internos e internacionales. En una segunda fase, la red de asambleas se constituirían en una “cámara del pueblo” (people’s house) a la que se atribuirían competencias de codecisión en el procedimiento legislativo federal de EEUU, cfr. op. cit., pp. 7 y ss.
24 Cfr. Juan-Ramón Capella, Entrada en la barbarie, op. cit., p. 79, donde plantea la cuestión siguiente: “Así, si se supone que es preciso designar a una persona para determinada función pública, ¿por qué recurrir a la elección y no al sorteo, como hacían los antiguos atenienses?”.
25 Cfr. Barbara Goodwin, Justice by lottery, segunda edición, Imprint Academic, Exeter, 2005, p. 189.
26 Antoine Vergne clasifica las aportaciones en “radicales” y “reformistas”, cfr. Antoine Vergne, op. cit.
27 Barbara Goodwin, Justice by lottery, op. cit. Esta autora repasa en las páginas 181 a 192 y 243 a 247 de dicha obra buena parte de las contadas propuestas contemporáneas que propugnan el sorteo como mecanismo de mejora institucional de la democracia. Puede citarse entre las mismas la de Callenbach y Phillips que en su libro de 1985 A Citizen Legislature planteaban sustituir la cámara de representantes estadounidense por 435 representantes sorteados. También es mencionada por Goodwin la “neodemocracia” de Antoine Vergne que supondría sustituir a los representantes elegidos de las democracias actuales por representantes sorteados, cfr. “Neodemokratie: Wahl unserer Parlamentarier durch das Los?” disponible en http://www.netzwerk-gemeinsinn.net/content/view/127/45/.
28 Sintomer repasa en su obra Le pouvoir au peuple: jurys citoyens, tirage au sort et démocratie participative, La Découverte, París, 2007, la historia del nacimiento, olvido y reciente renacer del sorteo, propugnando una recuperación más vigorosa del mismo para el ámbito político y, en particular, reemplazar el senado francés por una cámara elegida por dicho método, cfr., Yves Sintomer, Le pouvoir au peuple: jurys citoyens, tirage au sort et démocratie participative, La Découverte, París, 2007. Dos propuestas similares de sustitución de la Cámara de los Lores británica pueden encontrarse en K. Sutherland, The Party’s over, Imprint Academic, Exeter, 2004, y A. Barnett y Peter Carty, The Athenian Option: Radical Reform for the House of Lords, Imprint Academic, Exeter, 2008.
29 Puede encontrarse una comparativa de ambas propuestas en http://www.europemaxima.com/spip.php?article268.
30 Con excepción quizás de la (genérica) intención manifestada por la candidata Ségolène Royal en las presidenciales francesas de 2007 de constituir jurados ciudadanos para “supervisar” el cumplimiento de los programas electorales por parte de los representantes electos.
31 Véase la experiencia de las Planungszellen (células de planificación) en Alemania http://de.wikipedia.org/wiki/Planungszelle o de los citizen’s juries en Estados Unidos http://en.wikipedia.org/wiki/Citizens%27_jury. David Held menciona los voters’ juries en Models of Democracy, op. cit., p. 321. Un análisis de estas experiencias, y, en especial de los Núcleos de Intervención Participativa (NIP) (denominación castellana de las Planungszellen), ideados por Peter Dienel, incluyendo su comparación con otros mecanismos de democracia directa y participativa, puede encontrarse en los artículos de Hans Harms, “La necesidad de repensar la democracia” (en colaboración con Sonia Pereyra) y “La necesidad de repensar la democracia II”, Revista Sistema, número 193 (07/2006), p. 3-24, y número 203-204 (05/2008), p 95-106, disponibles electrónicamente en http://www.partizipative-methoden.de/index.php?page=artikel-zum-thema-planungszelle. También cabe mencionar entre las experiencias de alcance limitado la de la Citizens’ Assembly on Electoral Reform en la región canadiense de British Columbia, que fue creada a instancias del parlamento de la región y cuyos miembros fueron elegidos por sorteo con la misión de evaluar diferentes mejoras al sistema electoral, desarrollando sus trabajos entre 2003 y 2005, cfr., sobre este caso, J. H. Snider propone en “Solving a Classic Dilemma of Democratic Politics: Who Will Guard the Guardians?”, revista National Civic Review, número 94:4, invierno de 2005, pp. 24 a 29 (disponible en http://www.ncl.org/publications/ncr/94-4/Snider.pdf)
32 En línea, por tanto, del ejemplo de la polis de Tarento mencionado por Aristóteles en su Política, Espasa Calpe, 21ª edición, Madrid, 2000, p. 268.
33 Para un análisis histórico de la transformación del concepto de democracia, pasando del sorteo a la elección como método de selección de sus magistrados, es esencial la obra de Bernard Manin, The Principles of Representative Government, op. cit. Manin, p. 79, señala que la idea del sorteo, pese a ser conocida por autores de la Ilustración como Montesquieu o Rousseau, desapareció sin dejar apenas rastro y no fue considerada seriamente durante las revoluciones francesa y estadounidense.
34 Cfr. Bernard Manin, The Principles of Representative Government, op. cit., p. 82: “[…] there was indeed one notion in the light of which the respective merits of lot and election must have appeared widely different and unequal, namely, the principle that all legitimate authority stems from the consent of those over whom it is exercised – in other words, that individuals are obliged only by what they have consented to. The three modern revolutions were accomplished in the name of this principle.”
35 Véanse a este respecto las referencias bibliográficas citadas en la nota a pie número 17. Respecto de la evolución de los partidos políticos es destacable el papel pionero que asumió la socialdemocracia alemana como primer partido de masas organizado burocráticamente.
36 Fenómeno que en Alemania ha dado lugar al neologismo Parteienverdrossenheit (traducible como “hastío de los ciudadanos con los partidos”) y que se refleja en fenómenos como la erosión ideológica de los partidos, la reducción de la fidelidad de los votantes a partidos concretos, el aumento de la abstención, la caída del número de militantes, etc., cfr. en este sentido la entrada Parteienverdrossenheit en Dieter Nohlen y Rainer-Olaf Schultze (editores), Lexikon der Politikwissenschaft, tercera edición, C. H. Beck, Munich, 2005.
37 Si bien desde puntos de vista y extrayendo conclusiones muy diferentes, autores dispares como C. W. Mills, Robert Dahl o Ralph Miliband llaman la atención sobre la diversidad de estructuras de poder en las sociedades occidentales actuales.
38 Cfr. R. S. Katz y P. Mair, “Changing Models of Party Organization and Party Democracy. The Emergence of the Cartel Party”, en Party Politics 1, 1995, pp. 5-28.
39 Hay un interesante artículo de Pierre Bourdieu que aborda la cuestión de la delegación y el fetichismo político: “La délégation et le fétichisme politique”, Actes de la recherche en sciences sociales, nº 52/53, junio 1984, pp. 3-14. Este texto está disponible en http://www.persee.fr/web/revues/home/prescript/article/arss_0335-5322_1984_num_52_1_3331.
40 Cfr. por ejemplo la crítica al modelo schumpeteriano de la democracia realizada por C. B. Macpherson, La democracia liberal y su época, Alianza, Madrid, 1982, pp. 116-117: “Es decir, no hay más que unos cuantos vendedores, unos cuantos proveedores de mercadería política, o en otros términos, unos pocos partidos políticos. […] Cuando hay tan pocos vendedores no necesitan responder, y no responden, a las demandas de los compradores igual que deben hacerlo en un sistema de plenamente competitivo. Pueden fijar los precios y establecer la gama de mercaderías que se van a ofrecer. Además, en gran medida pueden crear ellos mismos la demanda. En un mercado oligopólico la demanda no es autónoma, no es un dato independiente.”
41 Cfr. Jacques Rancière, El odio a la democracia, op. cit., p. 65
42 No olvido que la polis ateniense era un sistema socio-político que excluía a esclavos, extranjeros y mujeres de sus instituciones democráticas, pero considero que a efectos de este artículo ésta, por lo demás trascendente circunstancia, no es relevante.
43 Para ello fue necesario un continuo proceso de lucha política (que llevó consigo, entre otras cosas, el asesinato del precursor de Pericles, Ephialtes, en 461 a.C.) para la profundización de las reformas democráticas iniciadas por Clístenes alrededor de 510 a.C. en las que se promovió activamente la sustitución de la elección por el sorteo para la selección de magistrados. Cfr. Jochen Bleicken, Die athenische Demokratie, cuarta edición, Ferdinand Schöningh Verlag, Paderborn, 1995, pp. 312 a 326. Es destacable que durante el apogeo del sistema democrático ateniense –entre 461/2 a.C. y 322 a.C.- la inmensa mayoría de sus alrededor de 700 magistrados eran elegidos por sorteo, a los que hay que sumar los 500 miembros de la Boulé (encargado de preparar las reuniones de la asamblea y de llevar el día a día de muchos asuntos públicos) y los integrantes de los tribunales populares que también eran sorteados.
44 Podemos decir que las cámaras sorteadas serían una “escuela de formación del espíritu político”. Cfr., en este sentido, John Stuart Mill, Consideraciones sobre el gobierno representativo, Alianza, Madrid, 2001, p. 94: “[…] allí donde no existe esta escuela de formación del espíritu público, apenas hay un sentido de que los individuos particulares que no ocupan una posición destacada en la sociedad tienen también un deber para con ésta, además del de obedecer las leyes y someterse al gobierno.”
45 Sigo aquí la sugerente terminología acuñada por Bourdieu en Propos sur le champ politique, op. cit.
46 De modo similar, aunque con un alcance más limitado, J. H. Snider propone en “Solving a Classic Dilemma of Democratic Politics: Who Will Guard the Guardians?”, op. cit., p. 22 a 29, que “jurados electorales ciudadanos” elegidos por sorteo resuelvan cuestiones de régimen electoral a fin de evitar un control excesivo de la entrada al mercado político por parte de los partidos ya establecidos.
47 “Perdida” en el sentido de que los partidos políticos actuales no deliberan, sino que negocian, teniendo no obstante bien en cuenta que la época dorada de la deliberación principalmente se dio cuando las cámaras representativas eran órganos elitistas elegidos únicamente por los miembros de dichas élites.
48 Resulta interesante el dato destacado por Hans Harms en relación con las experiencias de aplicación de los NIP en las que “[…] un elevado porcentaje de los participantes – hasta un 80% - afirma haber cambiado su opinión sobre alguno de los asuntos debatidos. Algo realmente inusual, comparado con otros procesos, en los que los participantes muchas veces ni escuchan a la otra parte y van a defender con todos sus medios sus opiniones e intereses anteriormente configurados.” Cfr. Hans Harms, “La necesidad de repensar la democracia II”, op. cit., p 95-106.
49 Cfr. la experiencia de los presupuestos participativos descrita en “Democracia participativa en Brasil”, Joan Tafalla y José Valenzuela, disponible en http://www.moviments.net/espaimarx/. Si bien las cifras expuestas en dicho artículo indican un incremento muy notable de participación de 403 personas en 1989 a alrededor de 20.000 en 1998 los autores indican que los “[…] participantes son, en muchos casos, dirigentes”.
50 Una cuestión no relevante aquí es la acusación, realizada por autores clásicos como Kant o Locke, de que la democracia directa, al carecer de un sistema de contrapoderes, desemboca necesariamente en un despotismo.
51 Cfr. como ejemplo clásico el Federalist Paper número 10 (Madison) que identifica el mecanismo de la delegación y representación (que llevaría a un refinamiento y ensanchamiento de las miras y una mayor sabiduría de los gobernantes en beneficio del verdadero interés del país) como diferencia esencial entre “democracia pura” (caracterizada por su número reducido de ciudadanos, la asamblea y la administración personal, el predominio de facciones, la ausencia de controles –checks-, su turbulencia y su incompatibilidad con la seguridad y propiedad personales, además de su corta duración histórica) y el sistema por ellos propuesto de la “república”.
52 Pierre Bourdieu, Propos sur le champ politique, op. cit., p. 58 y s.
53 Se trataba de un control ejercido por la Boulé para sus miembros o por los tribunales para los demás magistrados que tenía como finalidades principales descartar a incapaces mentales o morales y a ciudadanos políticamente no fiables. Cfr. Jochen Bleicken, Die athenische Demokratie,op. cit., p. 321.
54 Como ya he señalado anteriormente, parte de estos controles podrían inspirarse en el régimen establecido en la Ley Orgánica 5/1995 del tribunal del jurado.
55 Valga como referencia que la actuación de los ciudadanos que en la actualidad son designados por sorteo para el desempeño de funciones públicas en mesas electorales o en el tribunal del jurado está sometida a una serie de obligaciones establecidas legalmente cuyo incumplimiento puede ser sancionable.
56 Una visión positiva sobre la posibilidad de que los expertos desempeñen un papel que facilite la participación popular puede encontrarse en Joaquín Sempere, “La democracia y los expertos”, mientras tanto, número 96, 2005, p. 103.
57 Necesidad que señalan Bourdieu en Propos sur le champ politique, op. cit., p. 71 y Juan-Ramón Capella en diversos escritos, entre otros, en. “Notas sobre la repugnancia hacia la política”, en mientras tanto, nº 86, primavera 2003, pp. 31-45. En un sentido similar se expresa asimismo el historiador Moses I. Finley en Vieja y nueva democracia y otros ensayos, Editorial Ariel,Barcelona, 1980, al plantear la pertinencia de inventar nuevas formas de participación del pueblo en los asuntos públicos ajustadas a la situación actual, siguiendo el espíritu de la democracia ateniense, aunque no sus formas concretas que ya son meramente históricas. La referencia la he extraído de la edición alemana, Antike und moderne Demokratie, Philipp Reclam, Stuttgart, 1987, p. 41.
Fuente: http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1561003
Imagenes: wikipedia.org
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